sábado, 14 de julio de 2018

En el hospital. (Miami. 2ª parte).



El rítmico sonido del electrocardiograma, al compás del respirador, terminó por despertarle de la horrible pesadilla que estaba sufriendo.

En ella se encontraba en el parking de un centro comercial buscando comida, y en cada cubo de basura que abría, encontraba pequeños fetos atestados de moscas. Eran unas moscas extrañas que le miraban fijamente con las cuencas de los ojos vacías, sonriéndole con pequeñas bocas llenas de dientes podridos.

Era perfectamente consciente de que había despertado, pero algo iba mal.

No veía nada y sentía una gran presión en la cabeza.

Trató de acercar las manos a su rostro, pero no alcanzó a tocarlo, ya que lo único que sintió en las yemas de sus dedos fue el tacto del aparatoso vendaje que envolvía su cabeza.

Entonces recordó algunas imágenes sueltas de lo sucedido.

Le vino a la cabeza el terrible dolor tras la caída, al que se sumó después el que sintió tras cada uno de los mordiscos que le iba propinando aquel desconocido que decidió saciar su apetito con Ronald.

Se estremeció al recordar el sonido de la carne desgarrándose y separándose de su cara tras cada bocado, y el ruido de aquella bestia al masticar mientras respiraba ansioso antes de asestar el siguiente mordisco.

El ruido de las sirenas del coche que se detuvo a escasos metros de ellos, no sirvió para detenerle. 

Los gritos de los agentes tampoco hicieron que parase.

Aquel desconocido siguió comiendo ajeno a las indicaciones de aquella patrulla que no daba crédito a lo que veían sus ojos.

Ni siquiera las cuatro detonaciones que se escucharon consiguieron detenerle, pues los mordiscos no cesaron hasta que el quinto disparo hizo que aquel desconocido cayese desplomado sobre Ronald.

El sonido de una puerta abriéndose le hizo volver de nuevo a la realidad.

-Bueno, bueno, parece que por fin ha despertado.- dijo una voz alegre, intuía que de una mujer joven, que no pasaría de la treintena. -Lleva casi un día entero durmien…¡No intente levantarse!-Exclamó con severidad tras ver como Roland intentaba incorporarse.- Es muy importante que no se mueva o le quedarán unas cicatrices horribles. El doctor vendrá a verle en breve.-Añadió con una voz que volvió a dulcificarse. –Yo sólo he venido a cambiarle el suero y los antibióticos… ya he terminado, siga descansando.

Intentó contestar, pero los vendajes le impidieron articular palabra alguna, y lo único que salió de su garganta fueron gruñidos ahogados.

-Tranquilícese. Todavía no es bueno que intente hablar, pues tiene los puntos muy recientes. En unas horas vendrá a verle el doctor. Intente no moverse y descanse.

La inyección de Olanzapina que le acababa de suministrar la enfermera comenzó a hacer efecto y se quedó dormido de nuevo.

Y con el sueño volvieron los delirios.

Estaba sólo en un extraño cine, donde se proyectaba “La noche de los muertos vivientes”.

La escena del asedio a la casa estaba en su máximo apogeo, cuando uno de los estrafalarios Zombies que hicieron saltar a la fama a George A. Romero, salió de la pantalla y con paso tembloroso y lento se dirigió hacia donde estaba sentado.

No podía moverse de la butaca, y el monstruo estaba cada vez más cerca.

Hasta que le alcanzó.

El muerto, que había vuelto a la vida con un apetito atroz, le agarró del brazo y tiraba con fuerza, tratando de llevárselo a la boca.

Justo cuando los dientes de aquel ser se clavaban sobre su piel, despertó.

Instintivamente se llevó la mano al lugar donde le estaban mordiendo en aquel extraño sueño, y sintió el tacto de una mano que le estaba sujetando en aquel punto.

-Siento haberle despertado.-Se disculpó una voz grave.

Esta vez Roland calculó que se trataba de un hombre maduro, que pasaría de los cuarenta.

Trató de contestar a aquella voz, pero las vendas no le dejaron articular palabra, y emitió de nuevo aquella especie de gruñidos.

-Mi nombre es Philip Martin. Soy cirujano plástico y formo parte del equipo que le ha salvado la vida. Hemos hecho todo lo posible para reconstruirle la cara. –El hombre hizo una pausa que provocó un nudo en la garganta a Roland.-Ahora voy a retirarle las vendas para comprobar el estado de sus heridas.

Entonces sintió como las hábiles manos de aquel hombre le retiraban las vendas y los algodones que envolvían su cabeza.

El contacto del aire con su piel le provocó un alarido de dolor, pues sintió como si miles de cuchillas se lavasen en su piel.

 -Es normal que le duela, pues tiene todo el tejido muscular expuesto al aire.- Dijo el médico de forma poco convincente.-Incluso el dolor es bueno, pues indica que el tejido sigue vivo  y no ha perdido toda la sensibilidad, aunque aún es pronto para sacar conclusiones, pues los próximos días serán cruciales en su recuperación.

La voz del médico le sonó mecánica y artificial. Sabía que le estaba mintiendo. Sin saber por qué, tenía la certeza de que algo no andaba bien.

-Deje que le cure y le colocaré vendas limpias. Parece que tiene buen aspecto, y, si todo va bien, en diez días podrá abrir de nuevo el ojo.-Anunció el cirujano.

-¿Co… cómo que el ojo?-consiguió articular Roland.

Instintivamente se llevó las manos a la cara, pero sus dedos se colaron por un hueco que a él le pareció enorme, por donde pudo sentir el tacto de sus propios dientes, justo donde deberían estar sus carrillos.

-Veo que todavía no sabe nada.-dijo el médico con tono grave.- Siento ser yo el que tenga que darle esta noticia, pero un loco le atacó. Por suerte para usted, una patrulla de policía pasaba por ese lugar justo en el momento del ataque, y lograron abatir a su atacante.

Tras una pausa para coger aire y medir sus palabras, el cirujano prosiguió su relato.

-Le trajeron aquí en muy mal estado, pues había perdido la nariz, ambos pabellones auditivos, gran parte de la cara y el ojo izquierdo. De hecho el ojo derecho se lo tuvimos que recolocar, y todavía no estamos seguros de si conservará la visión, aunque el equipo de oftalmología que lo ha operado es optimista y está bastante esperanzado en salvárselo.-El médico volvió a hacer una pausa mientras agarraba una mano del anciano.-Es un milagro que esté vivo, ha tenido mucha suerte. Además, no se tendrá que preocupar por los gastos médicos, pues la madre de su atacante se ha comprometido a hacerse cargo de las facturas, así que pasará aquí el tiempo que sea necesario hasta que se recupere.

-Al parecer -prosiguió el médico- su atacante se encontraba bajo los efectos de una nueva droga de diseño que ha entrado con fuerza procedente de los peores suburbios de Jamaica.

Comenzó a sentir como aquella voz se iba alejando cada vez más, hasta que se convirtió en un pitido continuado.

No pudo escuchar el final del relato del médico en el que le contaba que fueron necesarios cinco disparos para abatir a su joven atacante, pues la nueva dosis de Olanzapina que le acababan de suministrar comenzó a hacer efecto, y volvió a quedarse dormido.

Esta vez no soñó nada, pues el virus que en esos momentos se multiplicaba exponencialmente en su cuerpo, estaba a punto de entrar en escena.

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