lunes, 11 de abril de 2016

Crítica: Ant-man.


McDonalds vs Burguer King, Coca-Cola vs Pepsi, Control vs Durex, Adidas vs Nike... todo en la vida se resume a una pugna de dos, en la que en ocasiones entran a jugar pequeños actores secundarios, como el Pinky burber, Tab, los condones del Lidl o Joma.

Pues bien, en el mundo del Comic las dos grandes casas de apuestas, los titanes o como queráis llamarlos, de siempre han sido Marvel y DC.


Bajo mi punto de vista, no son comparables, porque el primero busca el entretenimiento fácil, el guiño continuo con el espectador y recurre al chiste apresurado y absurdo demostrándolo con películas mucho menos "maduras" que el segundo, como por ejemplo Ant Man, la película que pasaré a comentar después de esta introducción.


Sin embargo, el universo DC intenta darle una vuelta de tuerca más a sus películas, sin recurrir continuamente a chascarrillos o chistes fáciles, ofreciendo un producto totalmente diferente al de Marvel, con unos personajes más oscuros, mucho más reflexivos y maduros, ofreciendo unas películas bastante más profundas, cosa que no siempre gusta.

Podríamos decir que Marvel es DC lo que Disney a Estudio Ghibli.


Al igual que me encanta Estudio Ghibli, no es menos cierto que las películas de Disney también me gustan mucho, pero cuando elijo una u otra, se muy bien lo que busco, y que es lo que quiero ver en cada momento.

Pues bien, con las películas de Marvel y DC, me pasa exactamente lo mismo, voy con mentalidades distintas a ver una u otra. Marvel es para disfrutar con unas palomitas y una cocacola XXL, y DC es para disfrutarla con una buena cerveza y una ración de Croquetas.

Pues bien, ya que os he puesto un poco en antecedentes, vamos al tema del título del post, es decir, a comentar la última película de superhéroes que he visto, que no es otra que Ant-man.




Con un amplio catálogo de comedias románticas a sus espaldas, Peyton Reed dirige la enésima adaptación de un personaje de Marvel al mundo del cine. 

Esta vez le toca el turno a Ant Man, interpretado por Paul Rudd, con varias comedias románticas y de humor adolescente también a sus espaldas.

Con estos dos ingredientes no me esperaba nada bueno, de ahí que no haya visto esta película hasta ahora, si bien Michael Douglas, posiblemente interpretando uno de sus últimos papeles, y la guapísima Evangeline Lilly, si que llamaban bastante mi atención.

Pues bien, el sábado cedí, y vi Ant-man.



Soy un analfabeto en esto del cine, y lo de justificar un bodrio como este con argumentos vacíos como "sin pretensiones", "cumple con su cometido que es entretener", etcétera, no me valen, porque para eso está Mediaset, que te lobotomiza en menos tiempo, y es gratis.

Se trata de una película que hace aguas por todas partes, con chistes absurdos y en la que los personajes no acaban de encajar. (Ni siquiera Michael Douglas parece encontrar su lugar).

Todo se ve forzado y muy sobreactuado, sobre todo Corey Stoll, el malo malísimo, que le ha quitado el cetro de peor villano a Billy Zane por su papel de Caledon en Titanic.

Ni siquiera los efectos especiales se salvan, con un CGI cantoso que alcanza su cúspide de la vergüenza ajena en la escena final, con la hormiga-perro.

Lo único que te hace prestarle atención a la película es ver el cameo de Stan Lee, y una vez que sale, prestarle atención al reloj, 

Huid de ella, insensatos.

Lo mejor: Que dura poco.

Lo peor: Que se hace eterna.

Nota: 4,9. (Si, lo se, merece mucho menos, pero para mi una película que suspende suspende igual con un 0 que con un 4,9, y como es mala hasta decir basta, le doy un 4,9 para que le duela más).

domingo, 10 de abril de 2016

Crítica: Victor Frankenstein.


Atención, como siempre aviso, contiene Spoilers.

Paul McGuigan dirige esta nueva interpretación, que no adaptación, de la novela de Mery Shelley desde un punto de vista novedoso.

La cinta tiene un muy buen comienzo, con una introducción y presentación de personajes que promete,pero que luego se va desinflando y hace que la película se haga larga durante su parte media, hasta llegar al último tercio, donde mejora notablemente, llevándonos a un climax final que a mi personalmente, me ha sorprendido muy gratamente..

La ambientación y la banda sonora, a cargo de Craig Armstrong y que en algunos momentos puntuales me ha evocado un poco a la de Drácula de Coppola, son bajo mi punto de vista, los puntos fuertes de la película, junto con James McAvoy, que borda el papel de Victor Frankenstein.



Daniel Radclife en el papel de Igor me ha parecido correcto, con un inicio muy bueno antes de que el Dr. Frankenstein le drene la joroba, se duche y se acicale, para convertirse en un Igor metrosexual, pero que me ha hecho resoplar por culpa del romance con Lorelei, interpretada por Jessica Brown Findlay, y ya me ha mosqueado para el resto de la película, porque la trama habría pasado perfectamente sin un romance metido con calzador, es más, incluso si se hubiesen permitido la licencia de utilizar un Igor femenino, también me habría valido.

El Inspector Turpin, interpretado por Andrew Scott, me ha decepcionado, pues tiene un papel bastante liviano, y es un actor que me gusta bastante, aunque lo poco que aparece lo hace bien, me sabe a poco.

En cuanto al monstruo, me ha parecido soberbio, pues no me esperaba que saliese, y no sólo hace su aparición estelar cumpliendo con creces, sino que el diseño que han elegido me parece espectacular, y tan bien integrado, que no se si está hecho con CGI o es maquillaje.

Como he dicho antes, se trata de una adaptación diferente a la que estamos acostumbrados, y que podría haber sido perfecta de no ser por la parte central de la película, que me ha hecho perder un poco el interés y que ha hecho que sea parte me haya resultado ligeramente aburrida, aunque finalmente haya vuelto a meterme en la película con ese gran monstruo que se han marcado al final.

Lo mejor:
-La ambientación
-La Banda Sonora de Craig Armstrong.
-James McAvoy, que vuelve a gustarse a si mismo y al que se sienta a verle con un papel muy bueno.

Lo peor:
-La parte central de la película, donde pasan muchas cosas innecesarias, y metidas con calzador.
-El personaje de Lorelei y todo lo que la rodea tras el inicio.
-Que casi no haya tenido publicidad, cuando se estrena en España el próximo viernes 15 de abril, si bien ha salido ya a la venta en muchos paises, pues se estrenó el 25 de Noviembre.

Nota: 7,5/10.


martes, 29 de marzo de 2016

Nuestra canción.



El agónico sonido del despertador rompió el silencio de la madrugada cuando habían pasado apenas cinco horas de la medianoche.

Laura se desperezó lentamente, mientras un gruñido ininteligible brotaba de su maltrecha garganta a modo de queja mientras lo apagaba, y estiró el brazo, sólo para abrazar el vacío que había a su lado, lo que le hizo caer en la cuenta de que él ya no estaba.

No se había hecho a idea de que no volvería jamás, y todas las mañanas seguía despertando llevándose esa pequeña decepción, tras haber pasado la noche soñando con que aún seguían juntos.

Con que él seguía vivo.

Esa mañana se había obligado a volver a la rutina diaria, tras una baja obligada por la muerte de Edu. Fernando, su compañero desde hacía casi diez años, había decidido que la dirección comercial de la cadena de peluquerías Look&Stile podría pasar sin sus servicios hasta que se hubiese repuesto del mazazo, y así se lo planteó el mismo día del fatídico suceso.

Las lágrimas comenzaron de nuevo a aflorar en sus ojos, pero esta vez no las dejó salir. Encendió la lamparita de su mesilla de noche y la débil luz envolvió la pequeña y acogedora estancia que se encontraba inundada por un agobiante silencio.

Se dirigió a la cocina para poner en marcha el tostador e ir preparándose el desayuno. Mientras lo hacía, encendió la radio, pues tanto silencio le generaba una sensación de angustia y miedo que no era capaz de soportar.

En ese momento se quedó sin aliento, pues sonaba Falling into you de Celin Dion, una canción que llevaba muchos años sin escuchar en la radio, y más teniendo en cuenta que en el programa que normalmente ocupaba esa franja horaria en ese dial, no solía escucharse música de ningún tipo.

Era la canción con la que Edu y ella se conocieron en la discoteca donde se unieron sus cuerpos por primera vez, canción que, desde ese día, pasó a ser su himno.

La canción sonó durante unos segundos más para dar paso a varios anuncios de publicidad y al parte meteorológico, que pronosticaba un día soleado y con altas temperaturas para la época del año en la que se encontraban.

Laura acabó de desayunar justo en el momento en el que el boletín informativo narraba la última hora de un atentado yihaidista que se había producido en Irak, por lo que antes que el tormento continuara y antes de volverá revivir los recuerdos del día en el que un fanático le arrancó lo que más quería, desenchufó la radio con furia y se dirigió al baño para que la ducha le limpiase el mar de lágrimas que amenazaba con anegar su alma.

Se quitó el pijama y observó el reflejo de su cuerpo desnudo durante unos segundos, ese cuerpo que tantas veces habían recorrido las mágicas manos de Eduardo y que ahora sehabía quedado huérfano. Era increíble el peso que había perdido en tan poco tiempo. Apartó la mirada de forma brusca y entró en la ducha. Reguló la temperatura a su gusto, y cuando el agua estuvo lo suficientemente caliente, casi quemando, se dejó envolver por su ardiente abrazo.

Sin embargo, la sensación que tuvo no fue la esperada, pues pese a que el vapor delataba la calidez del agua, sintió una sensación gélida cuando el agua envolvió su cuerpo.

Sacó la cabeza del chorro del agua y tardó un par de segundos en darse cuenta de lo que estaba ocurriendo. Desde la cocina se escuchaba la radio que había apagado hacía sólo unos instantes, y volvía a sonar la canción con la que tantas veces se había cobijado entre los brazos de Edu.

Las luces del baño se apagaron y sumieron todo en la más absoluta oscuridad.

Salió de la ducha empapada, se envolvió en la toalla y pulsó el interruptor de la luz varias veces, hasta que, al igual que se había marchado, la luz volvió.

Se acercó a la cocina y comprobó que la radio seguía desenchufada.

Tras dirigirse de nuevo a la ducha para aclararse el pelo, pensando que se estaba volviendo loca y que todo había sido fruto de su imaginación, de nuevo la misma sensación gélida  y de nuevo la oscuridad.

Cerró el grifo y volvió a escuchar la misma melodía que antes, pero esta vez se repetía una y otra vez la misma estrofa, como si de un disco rallado se tratase:

“I'm falling into you
This dream could come true
And it feels so good falling into you”

Sonaba una y otra vez, se escuchaba un chasquido y otra vez volvía a sonar la misma estrofa.

Esta vez las luces no se encendieron.

-¿E...Edu?- Alcanzó a decir. Un chisporroteo final en la radio seguido de un absoluto silencio la heló la sangre.

-Edu... ¿e...estás aquí?- De repente las luces se encendieron de forma oscilante, como si fuesen velas acariciadas por el viento, pero ese detalle pasó inadvertido a Laura, que tenía todas su atención puesta sobre el espejo, que estaba cubierto de vaho.

Se quedó paralizada por el miedo, ya que en la parte inferior del espejo, muy tenuemente, se podían apreciar cuatro letras “H O L A”.

Laura retrocedió hasta que sus talones chocaron contra el borde de la ducha. –Edu, ¿eres tu?.- Preguntó de nuevo. Esta vez la ilusión había vencido al miedo. Estaba segura  que era él.

La luz osciló violentamente, se apagó unos segundos, y al volver a iluminar el baño, un nuevo mensaje apareció en el espejo “T E     E X T R A Ñ O”.

Con un grito ahogado se llevó las manos al pecho y con un torrente de lágrimas de emoción bañando sus mejillas contestó a la soledad -Yo...yo también a ti... no sabes cuanto. Ojala estuviéramos juntos.- Dijo entre lágrimas.

La luz se marchó de nuevo, y al volver entre violentas oscilaciones, un nuevo mensaje ocupaba el espejo en su totalidad: “¿ S E G U R O ?”

-¡Claro que si!- Contestó en ese mismo instante, sin ser consciente de que se le había comenzado a formar una fina capa de hielo sobre la piel, y la escarcha estaba empezando a teñir de blanco su melena morena.

Un nuevo crepitar de luces, acompañado esta vez por un golpe seco  producido por el impacto del espejo sobre el encharcado suelo del baño.

La electricidad actuó rápido, y en una fracción de segundo, sin que Laura fuese consciente de lo que ocurría, el cable que conectaba las lámparas del espejo a la red eléctrica, utilizado los iones del agua que empapaba el suelo, llegó a sus pies descalzos, alcanzando su corazón y produciendo una parada cardiaca casi al instante.

Mientras el cuerpo de Laura convulsionaba y su pelo comenzaba a desprender una nube de vapor mientras se derretía la escarcha que se había formado, mientras soltaba su último aliento, pudo ver una silueta saliendo del hueco que hasta hacía unos segundos ocupaba el espejo.

Pero no era la silueta de Edu, como ella hubiese deseado, sino de un extraño demonio con atuendo de bufón, con dos cabezas, una de expresión triste y otra alegre, cortas patas y cinco brazos acabados en garras.


Con caminar lento y pesado llegó hasta Laura, la asió de una pierna y se dirigió hacia el lugar de donde había salido, al lugar donde se encontraría con Edu, aunque jamás se reconocerían.

Nota: Este relato es una revisión de mi relato "La Radio". He modificado algunas cosas y he corregido algunos errores. Agradeceré cualquier comentario que me hagáis para mejorarlo. Un saludo y muchas gracias por haber llegado hasta aquí.

Un Superman sin superpoderes.


Ayer, durante la proyección de la película 'Batman vs Superman: El amanecer de la justicia', hubo una escena que me hizo reflexionar bastante, hasta tal punto que estuve un rato sin prestarle atención a la película, pues estaba absorto con mis pensamientos.

Se trata de la escena en la que se van sucediendo hechos heróicos en los que Supermán iba ayudando a los habitantes de la tierra en una serie de catástrofes, algunas naturales, otras simples accidentes.

Y fue en ese momento cuando me vino a la cabeza mi padre.

Por si no os lo había comentado nunca, técnicamente mi padre es un Superhéroe, aunque sin superpoderes, pues mi padre es Guardia Civil.

Este año lo deja, tras más de 40 años dándolo todo, y cuando digo todo, se muy bien de lo que hablo, pues si algo he aprendido en mis 36 años de vida es que para ser Guardia Civil hay hay que sacrificarse, y mucho, y más si, como él, se es padre de dos hijos, si bien, como buen Superhéroe, necesita un compañero de fatigas, un hombro sobre el que apoyarse cuando las fuerzas flaquean, y que siempre esté a su lado. Mi madre.

A medida que iba avanzando la película e iba viendo como iba apareciendo gente contraria a Supermán, por el mero hecho de tener superpoderes y ser diferente a los demás, el paralelismo entre lo que iba produciéndose ante mis ojos y lo que llevo viendo desde que tengo uso de razón, se iba acrecentando, pues en no pocas ocasiones he tenido que escuchar comentarios muy dolorosos sobre el trabajo de mi padre.

Todo empezó una fría tarde de Febrero de 1980, el día que yo nací. Ese día, al igual que el día en el que nacería mi hermano, siete años después, mi padre estaba trabajando. En aquella época, no existían los permisos de paternidad, y algo tan normal como un permiso por lactancia, era inverosímil.

Pues bien, desde ese día hasta ahora, han cambiado muchas cosas, pero una de las pocas que ha permanecido inalterable desde entonces, ha sido mi padre y su trabajo, o más que su trabajo, sus hazañas.

Él no necesita llevar una capa roja y unos calzoncillos sobre unas mallas azules, para que, nada más verle, el afligido supiese que las cosas mejorarían, o para que la víctima comenzase a sentirse más tranquila.

Pero también representa el temor para los malhechores, y aunque jamás tuvo que levantarle la mano a ninguno de ellos, en cuanto él o alguno de sus compañeros aparecían en escena, pasaban del regocijo de sus fechorías, al temor.

Al igual que Superman, ha ayudado a gente perdida, ha rescatado de las llamas a imprudentes domingueros que, desoyendo las recomendaciones, han hecho su barbacoa en un pinar, ha evitado atracos y ha salvado vidas.

Por desgracia, también ha llegado demasiado tarde en muchas ocasiones, y ha mirado a la muerte a los ojos en más de una ocasión. Ha perdido a compañeros por el camino, pues, al contrario que Superman, estos superhéroes de andar por casa no tienen superpoderes.

El presupuesto de esta institución, en lugar de dotar a sus miembros con resistencia a las balas, capacidad de volar o telepatía,  sólo es capaz de otorgar valores como el Honor, la Lealtad, la Disciplina, o el Sacrificio, valores que representa Superman, y que a muchos pueden sonarle a perogrullo, o a simples palabras que suenan bien, pero que están ahí, y que son muy difíciles de explicar para alguien ajeno a la causa.

Guardando las distancias, me sentí reconfortado y orgulloso de mi padre, y cuando vi a Superman claudicar bajo la influencia de la Kriptonita, no pude más que pensar "Menudo pringao".

Muchas gracias por todo, papá. Espero saber estar a la altura.

Crítica: Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia.

Esta tarde he decidido enfrentarme a mis miedos, y me he acercado junto a mi novia a ver una película que me generaba muchísimos.

Había leído tantísimos comentarios negativos sobre esta película, que la ilusión que despertó en mi el anuncio del proyecto, pese a Ben Affleck, había desaparecido por completo para dar paso a eso, a un miedo atroz a la decepción.

Pero bueno, como para saber que algo no te gusta, lo mejor es comprobarlo por uno mismo, in extremis hemos optado por acercarnos a los cines Box del CC Cuadernillos, en Alcalá de Henares.

Pues bien, tras unos cuantos anuncios y un par de insulsos trailers, por fin ha empezado la película más esperada y más temida de los últimos tiempos. 153 minutos y se acabaría la incertidumbre.

Atención, a partir de aquí comento algún que otro detalle de esta película y su predecesora, El hombre de acero, por lo que si no has visto alguna de ellas, te aconsejo que no sigas leyendo.

Cuando un guión lo escriben dos guionistas tan diferentes como Chris Terrio (Argo) y David S. Goyer (Trilogía de Batman 2005-2012), no suele ser una buena señal, porque ¿hasta que punto el segundo guionista puede estar en mayor o menor medida influenciado por su predecesor?, y concretamente en el caso de esta película, nunca se sabe cual de los dos tiene raices venezolanas, lo cual ha dado lugar al culebrón que nos han metido entre mamporro y mamporro a lo largo dela cinta. Como punto positivo, decir que  bajo mi punto de vista, el guión pese a sus carencias, me ha parecido muy bien hilado.

Aunque a lo mejor el culpable de los defectos de la cinta no es tanto el equipo de guionistas, sino el director, Zack Snyder (300, El amanecerdelos muertos), que vuelve a cometer los mismos errores que en El hombre de acero, pues no sabe o no quiere darle a la película un ritmo mas dinámico y que hagan que el espectador no acabe mirando fugazmente el reloj para ver si queda mucho.

Pese a lo que he dicho hasta ahora, he de reconocer que la película me ha gustado y que por momentos he disfrutado como un enano. El problema es ese "por momentos", la falta de continuidad, esa forma de romper el ritmo de una película que podría haber sido épica, pero no deja de ser una más, muy bien hecha y con muy buenas interpretaciones, pero que no es, no de lejos, la mejor película de superhéroes de la historia.



En cuanto a los personajes principales, los que estuvieron en "El hombre de acero", siguen estando, incluido Kevin Kostner como Jonathan Kent. Henry Cavill hace un buen papel de Superman, pero que queda eclipsado por ese Batman que ha clavado Ben Affleck, que da la sensación que ha interpretado a mala leche como diciendo "ahora os jodéis, que lo voy a bordar" a todos los que dudamos de él.

Jeremy Irons me ha gustado mucho como Alfred, y no sabría decir con cual de los dos me quedo, si con este mayordomo, o el que interpretó Michael Caine en la anterior trilogía del caballero oscuro.

Por otro lado, el personaje interpretado por Gal Gadot (que yo creía que era el nombre del malo), y que había leido por todas partes que estaba metido con calzador, me ha parecido de lo más acertado, y una forma de introducir al personaje en el universo de La liga de la justicia, de lo más acertado, aparte de que es muy guapa la jodía.

La cruz del reparto está en Jesse Eisenberg, y no porque lo haya hecho mal, porque el papel de Lex Luthor Jockerizado lo borda, sino porque ese no es Lex Luthor, sino una mezcla entre el Jocker de Jack Nicholson y un adolescente de cualquier comedia americana.

Pues bien, con todos estos ingredientes, podríamos estar ante una obra épica, o ante un truño de proporciones bíblicas (por haberse estrenado en semana santa ante el miedo a competir con la próxima cinta de "El Capitán América", podría acercarse más a lo segundo).

Quizás haya ido al cine muy condicionado por las críticas que he leido, y por eso me he llevado la sorpresa que me he llevado, y nada más terminar he mirado a mi novia y nos hemos dicho casi a la vez "Joder, pues no es tan mala"... pero es que no es tan mala, a incluso tiene momentos verdaderamente brillantes, como es la introducción del resto de personajes de la liga de la justicia (Flash por partida doble, Acuaman y Cyborg, el cual se parecía increiblemente a Sam Worthinton), así como la escena en la que Batman va a rescatar a Martha Kent y se enfrenta a los veinte mercenarios a mamporro limpio acompañado de una de las mejores coreografías vistas hasta ahora en una película de superheroes, sin recurrir a los violentos giros de cámara a los que nos tienen acostumbrados en este género.

Los peor de la película quizás ha sido el ritmo, esas pesadillas recurrentes de Bruce Wayne o el "parad el mundo que voy a arrullar a Louis Lane un poquito" no ayudan para nada.

Lo dicho, una película entretenida que con un guión más dinámico y sin tantos altibajos hubiese conseguido gustar y divertir mucho más además de entretener.



En resumen:

Lo mejor:
- Ver el Batman de Miller y del universo de los videojuegos.
- La presentación de Wonder Woman y del resto de miembros de la Liga de la justicia.
- El alarde de medios de la última media hora de la película.

Lo peor:
.La muerte de Superman, y ese eterno epílogo final, (esa tierrecita moviéndose sobre el ataud antes de los créditos en plan "¡Ojo, que sigo vivo!"... pufff).
-Los cortes y la falta de ritmo.
-La manía de meter por querer demostrar que Superman antepone Louis Lane ante todo porque la quiere mucho y quieren demostrar que una buena película se Superheroes debe llevar un culebrón dentro.

Nota: 7/10.

domingo, 4 de enero de 2015

El primer cadáver.



Los últimos rayos de sol bañaban el cuerpo inmóvil del gato situado al pie de la desvencijada puerta del chamizo.

-A la orden, mi Sargento. Sin novedad. –Saludó cortésmente el Cabo Zurita.- No vea lo que hay ahí dentro. En mis veinte años en el cuerpo, jamás he visto algo así.- Continuó.

Javier tragó saliva y se acarició la barbilla. Acababa de salir de la academia de Suboficiales, y, pese a sus ocho años de servicio, este era su primer muerto. Se podía decir que hasta hoy había tenido mucha suerte, pero volvía a cumplirse uno de los dogmas que su padre, el Brigada Aguilera, le había inculcado: “para todo hay una primera vez”.

-Descansa, Paco, por Dios, no te pongas tan tieso que ya tienes una edad, no vayas a romperte.- Contestó sonriente Javier escrutando el serio rostro del Cabo. Puesto que, lejos de sonreír, el rostro de Zurita se ensombreció aún más, Javier entendió que la cosa era seria.- ¿Qué ocurre? ¿Hay signos de violencia?- preguntó en un tono mucho más serio.

-No, que va, el problema es que conozco a ese desgraciado. Fuimos juntos al colegio. Era un bala perdida, pero nunca creía que le vería así. El hijo de puta era fuerte como un roble.- Los ojos del cabo quedaron fijos sobre un punto perdido en el infinito, y las lágrimas amenazaron con escaparse de sus ojos.- El pobre Juan está desnudo sobre la cama, pero si va a pasar, le aconsejo que coja una mascarilla, pues el olor es insoportable.

-¿Cuánto tiempo lleva muerto?- Acertó a preguntar el joven Sargento. Una piedra acababa de caerle en el estómago y comenzó a sentir que el desayuno empezaba a removerse peligrosamente en su interior.

-No es el cuerpo lo que huele, sino toda la mierda que tiene en la casa. Guernica y yo hemos estado dentro, y al salir éramos un palmo más altos. - Explicó el cabo. –Hay restos de comida por toda la casa, y será mejor que no pase al baño si no quiera quedarse tieso.

-¿Habéis llamado al forense y a los de Policía Judicial?.

Como esperando ese pistoletazo de salida, el sonido de dos vehículos que llegaban por el camino de tierra que conectaba la carretera principal con el poblado, anunció la llegada de la Forense de Guardia, y el Cabo Miguel, del Equipo de Policía Judicial.

-A la orden mi Sargento, ¿Qué tenemos?- Preguntó Miguel bajándose del coche.

-De momento parece que dos muertos. Uno dentro de la chabola, y otro ahí.- Dijo Javier señalando con la cabeza al gato que había en la puerta.

Como por arte de magia, el pequeño gato anaranjado se desperezó, y emitió un maullido lastimero, y torpemente se puso en pie.

-¡HA RESUCITADO!- Exclamó sorprendido el guardia Guernica, que acababa de llegar junto con un desconocido al que el grito también le pilló de sorpresa, pues dio un respingo que a punto estuvo de hacerle caer al suelo.-Joder, pero si hace un rato ni respiraba... va a ser verdad eso de que tienen siete vidas.-Continuó diciendo, ajeno a la mirada de desaprobación con la que Javier le estaba maldiciendo.

-Joder, Guernica, no me parece el comentario más apropiado dadas las circunstancias.-Acertó a regañarle Zurita.-Mi Sargento, le presento a Tomás, el hermano del fallecido.

Javier echó un rápido vistazo al hombre que acompañaba a Guernica. Era una enorme montaña, rondando los dos metros de altura y de unos ciento cincuenta kilogramos de peso, de fuertes brazos y manos enormes, de mirada vacía y boca desdentada. Javier había visto muchas veces esa mirada, resultado de varios años macerando en alcohol, pero lo que más le sorprendió fue no percibir el más mínimo atisbo de tristeza en sus ojos.

-Le acompaño en el sentimiento.- dijo con tono serio mientras le tendía la mano a Tomás. La mano que encontró, lejos de confirmar la firmeza y robustez de su propietario, transmitía fragilidad, nerviosismo, e incluso miedo. Estrechó los dedos flojos en un rápido saludo, y soltó la mano que pareció huir para esconderse en el bolsillo de su propietario.

-¿Así que es usted su hermano?- Preguntó el Sargento para ver la reacción del gigante que tenía ante sus ojos.

-Si, bueno, soy el único hermano que se habla con él… bueno, que se hablaba.-una cortina de lo que podría interpretarse como tristeza nubló pequeños ojos negros de Tomás.-Ayer estuve a verle por la noche, porque llevaba con bronquitis mucho tiempo. Le pregunté desde la puerta, y como no me contestaba, entré en la habitación. Como vi que seguía respirando, pensé que estaba dormido, y me marché, y este mediodía, cuando he venido, me lo he encontrado tieso. No respiraba, y ha sido cuando he llamado a urgencias.- Tomás bajó la vista y sus ojos quedaron fijos en la punta de sus zapatos.

-Muchas gracias.- Dijo Javier mientras se dirigía hacia el Cabo Miguel, que se encontraba preparando el maletín para hacer la inspección ocular. La experiencia le había enseñado que las personas que dan más explicaciones de las que se les pide, suelen ocultar algo.

-¿Vienes tu sólo?- le preguntó a Miguel, aún pensando en la reacción de Tomás.

-Si, mi Sargento, es que David está liado con los de Patrimonio, con el tema de las monedas romanas que aparecieron en el puerto, y el Brigada sigue de baja por el trompazo que se dio ya sabe…- Contestó el cabo haciendo un gesto con la mano recordándole a Javier la fama de aficionado a la bebida que tenía el Brigada de Policía Judicial.

-Entraré contigo. Como dice mi padre, para todo tiene que haber una primera vez.- Contestó Javier tragando saliva. –Será mejor que me ponga una mascarilla y unos guantes.

Ambos terminaron de prepararse, cogieron el maletín y la cámara de fotos, y se dirigieron a la forense, una atractiva morena de melena enmarañada y que, pese a sobrepasar los cuarenta, conservaba un cuerpo espectacular, fruto de muchas horas de trabajo en el gimnasio.

-Carmen, vamos a pasar nosotros primero para hacerle las fotos al fiambre, y luego entras tu y haces con él lo que quieras.- Le dijo Miguel con tono áspero y seco a su exmujer, la Forense del Juzgado número tres de Cartagena. Llevaban tres semanas divorciados tras un par de años de pleitos y juicios por la custodia de las dos gemelas de ocho años. La tensión se cortaba con un cuchillo.

Carmen se limitó a asentir con la cabeza mientras rellenaba la documentación para el levantamiento del cadáver. Ni siquiera miró a los dos guardias civiles que se disponían a entrar en el chamizo.

Nada más atravesar la puerta, se encontraron con un largo pasillo en penumbras el cual estaba inundado por montañas de basura, trapos, botellas vacías, y un hedor insoportable que hizo dar una arcada a Javier. Pequeñas sombras rápidas como centellas se movían entre los desperdicios.

-Esto está lleno de cucarachas.-Dijo Miguel.- Tenga cuidado no le roben un zapato, mi Sargento. Según me ha dicho Guernica, es la segunda puerta a la derecha. Esa de allí.- Señaló con la linterna.

Tras sortear toda la porquería que inundaba los pasillos, llegaron a la habitación dónde se encontraba el cuerpo inerte de Juan. Se trataba de una habitación sin ventanas, iluminada únicamente por la tenue luz que se colaba por la puerta, y las dos linternas que llevaban los agentes.

La estancia estaba amueblada únicamente con una gran cama de matrimonio pegada a la pared y una caja de cartón a modo de mesilla de noche. Varias docenas de botellas de vino vacías se encontraban esparcidas por el pegajoso suelo. No había nada más, salvo el cuerpo sin vida de Juan.

Si Tomás parecía una montaña, Juan era aún más grande. Una enorme barriga cubierta de pelo destacaba en el casi monstruoso cuerpo que tensaba hasta el límite los muelles del somier. El torso se encontraba coronado por una enorme cabeza de pelo grasiento, con una barba hirsuta y descuidada y dos cejas pobladas, casi unidas, que coronaban sendos ojos negros sin vida que se encontraban clavados en el techo.

-¡Madre mía! Verás para mover esto… -Exclamó Miguel. –Mi Sargento, será mejor que hagamos las fotos cuanto antes y nos larguemos de aquí o cogeremos algo que no tenemos.

-Me parece bien, esto me da escalofríos.-Aprobó Javier. -¿Te has fijado en el tamaño de sus pelotas? Parecen dos balones de futbito.-Añadió señalando a los genitales desproporcionados de Juan.-Fíjate, están reventados. Está todo lleno de sangre… ¿Eso por qué es?

-Ni idea, es cosa de Carmen, a eso se dedica, a ver muertos y a tocar los cojones.- Contestó Miguel algo molesto. –Madre mía, ¿se ha fijado en las uñas de esos pies?, joder, parecen mejillones. En fin, voy a hacer las fotos y nos largamos de aquí.

-¿Puedo hacerlas yo? Hace cuatro años que hice el curso de Policía Judicial y me vendría bien refrescar la memoria.- Preguntó Javier. –Si no te importa, coloca tú los testigos métricos.

-Siempre a sus órdenes.- Contestó algo desanimado.-Con que le ponga uno en el cuello y otro junto al pie, será suficiente.-Añadió sacando las dos pequeñas cintas graduadas del maletín.

Colocó una junto al pie, y se inclinó ligeramente sobre el cadáver para colocar la otra bajo el cuello.

Nada más colocar la segunda cinta sobre el cadáver, las fuertes manos de Juan agarraron a Miguel del brazo y lo atrajeron hacia él. La enorme boca del coloso se abrió y sus dientes se cerraron en torno al cuello del Cabo, ahogando el alarido aterrador que no llegó a brotar de su cercenada garganta.

La sangre de Javier quedó helada por la dantesca escena que estaba presenciando y ni siquiera fue consciente de cuando se le cayó la cámara de fotos al suelo. No podía apartar la mirada del ser que estaba arrancándole el cuello a mordiscos a su compañero.

Cuando por fin pudo reaccionar, el cuerpo del Cabo se encontraba convulsionando entre los brazos de esa cosa, bañándolo con su sangre. Javier echó mano a su pistola, encañonando al monstruo que tenía ante él, pero justo cuando escuchó el sonido del impacto de la aguja percutora sobre la recámara vacía, recordó que no había cogido el cargador, el cual se encontraba en el cajón de su despacho, pues nunca pensó que lo necesitaría en una situación así.

Agarró una botella del suelo y la estrelló contra la cabeza de Juan, que levantó la cabeza y clavó sus ojos muertos sobre él, mientras la sangre de Miguel resbalaba por la comisura de esa boca aterradora.

El monstruo tiró a un lado el cuerpo sin vida del cabo y lentamente se fue incorporando. Ahora la enorme mole desnuda se interponía entre Javier y la puerta. No había escapatoria. De repente, como si de una película se tratase, las clases de defensa personal recibidas en la academia, pasaron ante los ojos del aterrado Sargento.

Con una agilidad asombrosa, Javier tomó impulso y propinó un fuerte empujón al cadáver andante, haciéndole perder el equilibrio y caer al suelo.

Saltando por encima del desproporcionado cuerpo que intentaba incorporarse, enfiló el pasillo hacia la calle, en pos de la ansiada libertad, pero cuando estaba llegando a la puerta vio tres cuerpos tirados junto a ella.

La puerta se cerró de un portazo, sumiendo el chamizo en la más profunda oscuridad.

-Lo siento, tengo que alimentar a mi hermano, soy el único que cuida de él.-Se disculpó Tomás mientras cerraba con llave y se marchaba.


martes, 9 de diciembre de 2014

Luna llena.



Las oscuras nubes se abren para mostrar el brillante resplandor de la luna llena en medio de esta gélida noche de diciembre.

De pronto, entre sudores, despierto. Mis pupilas quedan fijas en esa esfera de luz brillante y fría. Mis sienes palpitan, mi cuerpo tiembla y comienza otra vez ese dolor.

Es intenso, cortante e insoportable, pero me reconforta, pues tras el dolor, siempre llega la ansiada libertad.

Entonces, mi verdadero yo, o al menos, el que me gustaría que fuese mi verdadero yo, ese que se halla oculto, sumergido en el interior de este cuerpo débil, lampiño y enfermizo, bajo la personalidad de un buen hijo, mejor padre y marido ejemplar, brota de entre las sombras, guiado por la luz que irradia la luna.

El viejo pijama se desgarra, la mandíbula se me alarga, y un manto de vello hirsuto como alambre crece en todo mi cuerpo, llenándolo, colmándolo.

Mis piernas, de rodillas quebradizas y débiles, esas que tantos problemas me han dado, ahora son fuertes y musculosas patas de animal, capaces de moverse más rápido de lo que nadie podría jamás imaginar, y que pueden dar saltos inimaginables para cualquier persona.

Atravieso la ventana cual papel de fumar, y entre los miles de pequeños cristales, salgo a la calle, con un aullido de triunfo.

Vuelvo a ser libre. Siento un frenesí incontrolable y sin la menor intención de pararlo, rompo a correr por las azoteas con el viento silbando en mi espalda y vuelvo a aullar, pero esta vez es la noche la que me devuelve un grito de euforia.

¿Euforia? No. Es terror.

Un terror que al fin puedo contemplar en los ojos que se atisban entre mis poderosas garras, las de mi primera víctima. No la dejo gritar otra vez. No hay tiempo. Ahora su cálida sangre inunda mi garganta, cubre mi hocico, resbala por mis colmillos. Sangre... qué liberación.

Vuelvo a aullar.

Nada.

Sólo silencio.

Silencio y oscuridad.

Una intensa luz en medio de la noche me hace cerrar los ojos.

Y entonces, su voz me hace volver a la realidad.


-Cariño, ¿qué haces mordiéndola almohada? La vas a llenar de babas…otra vez.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Galletas de Jengibre.

Ahora que se acercan las navidades, os dejo esta receta que me he atrevido a hacer hoy, con la que salen unas galletas deliciosas. Con una buena copa de vino caliente tienen que estar de vicio.

Espero que os gusten.

Ingredientes: (Para unas 30 galletas y un camaleón, o si tenéis paciencia, saldrán unas 42-48 galletas).

350 gramos de harina de trigo.
125 gramos de mantequilla.
100 gramos de miel.
50 gramos de azúcar moreno.
50 gramos de azúcar blanca.
Un huevo tamaño mediano.
Una pizca de nuez moscada.
Una cucharadita de jengibre en polvo.
Media cucharadita de canela.

Preparación:

En primer lugar mezclaremos la canela, el jengibre, la nuez moscada y la harina, y la tamizamos.

A continuación añadimos la mantequilla fría cortada en daditos, el azúcar, la miel y el huevo batido y lo amasamos enérgicamente y durante un buen rato hasta que la masa adquiera una textura homogénea y la mantequilla se haya disuelto completamente sin dejar grumos. Esta parte puede resultar un poco farragosa, pero si se hace bien, el resultado es espectacular.

Extendemos la masa sobre una superficie enharinada, hasta que adquiera un grosor de unos 0,4-0,5 cm, y, bien con un cuchillo o, como he hecho yo, utilizando moldes, vamos cortando las galletas.

Ponemos las galletas en una bandeja, y las metemos en el horno, que deberá estar precalentado, durante 10-12 minutos a 180º.

Se dejan reposar, y listas para comer.




Como yo soy un poco "cagaprisas", la tercera vez que he cogido el sobrante de las galletas, me he dicho "Ya está bien de amasar", y he hecho un Camaleón con un caracol detrás, pero claro, como el caracol lleca menos masa, se ha quedado mas oscro, y parece otra cosa. En fin, juzgad vosotros mismos.






domingo, 2 de noviembre de 2014

Magdalenas de Limón y Canela.

Ingredientes (Para unas 12 magdalenas).


-3 huevos medianos.
-175 gr. de azúcar.
-60 ml deleche.
-190 ml de aceite de girasol.
-210 gr. de harina.
-1 sobre de levadura.
-Una pizca de sal.
-Canela molida.
-Ralladura de limón.
-Azúcar para la parte superior de las magdalenas.

Preparación.


Lo primero que os aconsejo es que preparéis todos los ingredientes, pesados y medidos para que, en el momento de ir a preparar las magdalenas, no perder tiempo.

Una vez preparados todos los ingredientes, los dejamos media hora para que se atemperen, pues no es recomendable utilizar los ingredientes fríos.

A continuación, batimos los huevos con la varilla de la batidora, a velocidad lenta, y una vez batidas, añadimos el azúcar.

Cuando la mezcla de huevo y azúcar tenga una consistencia homogénea, añadimos despacito y sin dejar de batir, el aceite y la leche y seguimos mezclando.

Una vez bien homogeneizado todo, añadimos una mezcla con la harina tamizada, la levadura, una pizquita de sal, la ralladura de limón y la canela molida.

Continuamos batiendo despacito los ingredientes hasta que la pasta adquiera una consistencia homogénea y sin grumos, y finalmente batimos todo a máxima potencia durante 4-5 minutos.

Colocamos los moldes de las magdalenas en una bandeja para magdalenas, o en vasitos metálicos para flanes. (Yo he puesto 6 moldes de silicona, y 6 de papel, y los resultados han sido mucho más profesionales usando los moldes de silicona).

Rellenamos los moldes ¾ partes con la masa de las magdalenas, y los metemos un par de horas en la nevera para que, cuando las metamos en el horno, suban y no se queden planas.

Precalentamos el horno a 250º C, añadimos un poco de azúcar en la parte de arriba de cada magdalena, y las metemos en el horno durante 15 minutos a 220º.

Las dejamos reposar hasta que se enfríen, y… ¡¡¡a comer!!!








viernes, 25 de julio de 2014

Tontería Espacio-Temporal.



-¡¡¡Mamá, me voy a ver a Mozart, que tengo clase de Piano y voy a llegar tarde!!!- Exclamó Gaby con júbilo, mientras ponía la fecha en el panel de control de la máquina del tiempo. 27 de Junio de 1775.


-¡Vale hijo, pero ponte una rebequita por si refresca!- Le contestó la madre. –Pero antes bébete el zumo ya, que se le van las vitaminas, y recuerda las normas. Sólo asiste a sus clases, nada de cambiar nada, no como la última vez. Y ponte el traje mimético de la época, no vayas disfrazado de Romano como el día que fuiste a la Prehistoria a conocer a Miguelón.


Claro que Gaby recordaba las normas, pues había aprendido la lección tras su última trastada. La cosa es que lo había hecho con toda la buena voluntad del mundo, pero el audífono que le regaló a Beethoven, a punto estuvo de destruir parte del legado musical posterior a 1800, ya que al empezar a oír con claridad, Beethoven dejó de componer por recomendación expresa de su cuñado, el cual le dijo que no tenía ni idea de música, y que se dedicase a sexar pollos. Como no sabía qué era eso de sexar, se pasó a la alta cocina, convirtiéndose en un prestigioso chef , llegando a regentar un restaurante con dos estrellas Michelín.


Las reglas eran sencillas. Se podía retroceder a placer en el tiempo, pero nada de alterar las cosas, modificar ningún parámetro ni arrojar desperdicios. Un simple pañuelo de papel en el suelo podría desencadenar una epidemia y extinguir a la raza humana. Por no hablar de las innumerables gamberradas que ocurrieron al principio. (Como cuando un graciosillo añadió colacao a la leche con la que se bañaba Cleopatra, y tras su baño casi la destierran por brujería).


Gaby entró en la máquina y, tras varios destellos y un sonido sordo, apareció en el punto temporal señalado. Estaba en la casa de Mozart. Se miró en un espejo de la enorme mansión del músico y se vio así mismo como un aristócrata de la época, con la cara pintada de blanco y esa enorme peluca blanca.


Asistió a la clase sin contratiempo alguno, y tras finalizar, tomó rumbo a su época, sin percatarse de que se le había caído su MP-3 al levantarse de su asiento. Cuando terminó de ajustar los parámetros de su máquina del tiempo, un Opel Calibra tuneado, y volvió al año 2130, se encontró con una patrulla dela Guardia Civil esperándole con gesto serio.


-¿Qué se le ofrece, agente?- Preguntó Gaby inocentemente, pero con la sensación de que algo no iba bien.

-Esta vez la has liado parda, chaval. Quedas detenido por infringir, otra vez, el artículo 4 de la ley de viajes espacio-temporales del año 2103.- Le dijo el Agente Chamorro con una sonrisa socarrona.- Has modificado el pasado y destruido la música.- Añadió el Sargento Gervasio.

-¡¿Qué?!- Exclamó asustado. –Yo no he hecho nada.-Sentenció.

 -Olvidaste tu MP-3 y cambiaste la línea temporal de la música y de la Vichisoysse. Mozart consiguió encenderlo y al escuchar a Kiko Rivera y a Pitingo, varió todas sus composiciones, de modo que fue juzgado por hereje y condenado a morir en la hoguera.


-Mierda, otra vez.- Dijo mientras se lo llevaban al centro penitenciario de infractores reincidentes, donde debería permanecer cuatro horas en el rincón de pensar.

Gaby estaría en casa para la cena, pero en su mente habrían pasado cuarenta años, ya que el hilo musical del rincón de pensar, formado por una horrible combinación de versiones de Pitingo y los Chunguitos, conseguía que cambiase la noción del tiempo.

Ya no volvería a ser el mismo…