viernes, 1 de junio de 2018

Alergia.


Como si de una pesadilla se tratase, con paso lento y tembloroso, el joven agente del CCE entró en la última habitación de la vivienda donde su Capitán le había enviado, la cual se encontraba totalmente a oscuras debido al apagón que acababa de producirse.

Al parecer había aparecido un nuevo caso y debían actuar con total discreción y rapidez, pues no podían permitirse el más mínimo error.

Apuntó con la linterna a la cama donde yacía inerte el cuerpo sin vida de, si la información que le habían dado era correcta, Héctor Marín, junto al que había una especie de cuaderno.

Justo en el momento en el que se agachaba a recoger lo que finalmente resultó ser un diario, se restableció el fluido eléctrico, y la habitación quedó inundada por la luz.

Tras superar el sobresalto que le produjo el repentino encendido de la lámpara de la habitación, comprobó que la última entrada del diario parecía de hacía apenas unas horas.

“5 de enero de 2017

Hoy he amanecido bañado en sudor, y digo amanecido y no despertado porque no he podido pegar ojo en toda la noche debido al deplorable estado en el que me encuentro.

Casi arrastrándome he conseguido llegar al baño donde el penoso espectáculo que me ofrecía el espejo ha hecho que un escalofrío recorriera mi espalda… bueno, realmente no estoy seguro de que haya sido causado por la imagen deformada que veía reflejada, ya que los llevaba sintiendo desde la noche anterior.

Además de la habitual sombra de las ojeras que me llevan acompañando toda la vida, había algo más, pues podía apreciarse el tenue relieve de los numerosos capilares de mis párpados y que se extienden hasta la mitad de la frente y la parte de mis mejillas que deja ver mi cada vez más escasa barba, y que apenas disimula el ceniciento color de mi piel.

Observando el derrame que adorna mis ojos, he podido comprobar cómo mis pupilas estaban exageradamente dilatadas, tapando completamente el iris, y que puede ser el motivo por el que llevo días sufriendo hipersensibilidad a la luz, lo cual hace que sienta un terrible dolor, similar al de cientos de alfileres clavándose en mis ojos cada vez que miro directamente a alguna fuente de luz.

El extraño ronroneo que lleva días acompañando mi agitada y cada vez más débil respiración, puede estar causado por la ingente cantidad de moco parduzco que llevo expulsando con cada arranque de tos, y que son cada vez más frecuentes y dolorosos, haciendo que me retuerza de dolor con los más fuertes. 

He intentado abrir el armario del baño y me ha costado una barbaridad, pues sentía como si mi brazo pesase una tonelada, aunque finalmente he conseguido coger el cepillo de dientes tras lo que a mí me ha parecido un esfuerzo titánico.   

Mientras me lavaba los dientes, he notado como se me caía una muela, y al mirar mi maltrecha boca he comprobado asustado como las encías habían adquirido un alarmante tono verdusco, y en el hueco que ha quedado tan sólo había una perla de sangre negra coagulada.

Debería desayunar algo, pues llevo prácticamente todo el fin de semana sin comer, pero la mera idea ingerir algo sólido me da nauseas, por lo que creo que voy a acercarme al médico, aunque tal y como están de colapsados por este brote tan agresivo de alergia, no estoy seguro de que puedan atenderme.


Pues al final ha habido suerte y me han atendido tras esperar menos de lo que me imaginaba.

Me ha dado un fuerte ataque de tos en la atestada sala de espera, y una amable señora me ha ofrecido un clínex para taparme la boca y dejar así de salpicar a los niños que estaban correteando por allí.

Cuando ha cesado la tos y he mirado el pañuelo, este se encontraba perlado de pequeñas gotitas de sangre. Disimuladamente lo he guardado sin poder evitar fijarme en la diadema blanca que llevaba una de las niñas, que como me temía, también estaba manchada de los pequeños puntitos carmesí.

El médico nada mas verme ha dado un paso atrás y ha comenzado a vomitar preguntas a gran velocidad y a escribir atropelladamente en su cuaderno a medida que iba respondiendo. Ni me ha tocado y me ha recomendado quedarme en casa y que no salga bajo ningún concepto. También me ha dicho que esta misma tarde mandarían a alguien del CCE para que me diesen un tratamiento adecuado.

Si no me equivoco, el CCE es el Centro de Control de Enfermedades... y yo que pensaba que aquí en España no teníamos de eso. Me encantaría buscar algo de información al respecto en Internet, pero desde el último ciberataque no han sido capaces de restablecer los servidores caidos, y el servicio de Internet está limitado al Ministerio de Defensa y las Fuerzas y cuerpos de Seguridad.

Hay que joderse... me acabo de rascar la coronilla y me he llevado un trozo de piel bastante hermoso. Héctor, esto no se arregla con Paracetamol y reposo, me temo que es más grave de lo que creía. Algo huele mal, y no lo pienso sólo por mi olor corporal, que se ha vuelto nauseabundo, no... aquí hay gato encerrado.

He vomitado y creo que tengo fiebre.

Voy a intentar dormir un poco”.


Reconoció los síntomas y al instante supo lo que tenía que hacer. Abrió la pequeña lata que llevaba consigo y vertió el queroseno inflamable sobre el cuerpo sin vida de Héctor, que estaba comenzando a despertar.

Encendió el mechero y prendió el pequeño reguero del líquido inflamable que condujo la llama hasta la cama, la cual comenzó a arder con violencia entre los gritos de lo hasta hacía un par de horas era Héctor.

Cerró la puerta tras él, y se marchó mientras las llamas devoraban la vivienda.

De nuevo habían conseguido pararlo a tiempo… ¿Hasta cuando duraría esa suerta?

2 comentarios:

  1. Pequeño Gran relato de algo perfectamente posible en un país como España. Como diría Piqueras: Apocalíptico presagio

    ResponderEliminar
  2. ¿Y quién te dice que sea un presagio y no un "Basado en hechos reales"?

    ResponderEliminar

Añadir comentario...