Desde hace años llevo utilizando la red de
Cercanías par desplazarme. Es más económico que moverse en coche, contamina
menos y puedes hacer muchas cosas mientras viajas. Una de las cosas que puedes
hacer es observar a la gente que te rodea.
Fruto de años de Observación, he decidido
hacer un resumen con las especies mas características que he ido viendo a lo
largo de mis periplos por este medio de transporte.He decidido dividir la Fauna
del Cercanías en dos grandes Reinos: Los Viajeros y los Trabajadores. (Si, lo
sé, en las papeleras hay varios reinos paralelos, pero no les he dedicado el
tiempo que merecen).
En la entrada de hoy os dejo con los
Viajeros más característicos. Espero no tardar mucho en confeccionar un lista
del otro grupo. Os ruego paciencia.
Fauna del Cercanías: Los Viajeros.
El
Pedorro: Se trata de una especie muy común en nuestra red de Cercanías.
Aparentemente podría pasar por cualquier otro viajero, pero tiene una peculiar
característica que lo hace diferente a los demás: su capacidad casi ilimitada
de emitir metano. Hay varios estudios que sitúan a esta especie como la tercera
causa del calentamiento global. Otros estudios indican que su olor puede
provocar nauseas e incluso pérdidas momentáneas del conocimiento. Es fácil
determinar si en un tren viaja tan singular personaje, pues nada más entrar,
sus peculiares emanaciones te dan la bienvenida en forma de martilleo en la
pituitaria.
Las Cotorras: Como su nombre indica, esta especie suele viajar en
grupos de dos o más ejemplares. Su peculiaridad es una infinita capacidad
pulmonar, la cual les permite hablar sin necesidad de respirar durante varios
minutos. (Hay documentados casos en los que uno de estos ejemplares habló
durante media hora sin parar hasta caer inconsciente). Es importante no confundir
con el Campechano (ver más adelante). Las
cotorras pueden hablar de casi cualquier cosa, pero los temas más comunes son
los programas de Telecinco, más concretamente Sálvame, pero es muy probable que
empiecen con un tema y en esa misma espiración
traten temas tan variopintos como el Big Bang o la teoría de la relatividad, pero lo normal
es que solamente hablen de cotilleos o de la vida de sus hijos. Tienen una voz
característica varias octavas superior a la media y su nivel de decibelios, que
roza los límites permitidos por la legislación vigente, puede ser perjudicial y
muy molesto.
El
Campechano: Los Cercaniógrafos no se ponen de acuerdo sobre el origen de esta
especie. Unas teorías afirman que se trata de ejemplares de Cotorras que
abandonan el grupo para emprender los viajes en solitario, y otros que son otro
tipo de viajeros, que han evolucionado hasta convertirse en lo que son. Se
trata de especímenes que llegan al tren y se sientan junto a otros viajeros
para empezar a hablar con un tono y un timbre que, a medida que el monólogo va
avanzando, se asemeja más al de las cotorras. Los temas de conversación suelen
girar en torno a su persona, y van desde las peripecias de su juventud, hasta
lo mal que están las cosas. Si un campechano se sienta junto a otro, se
convierten, en pocos días, en Cotorras. Suelen ser de edad más avanzada que las
cotorras. No confundir con El Colgao.
El
friolero: Se trata de una especie que resiste muy bien las extremas subidas de
temperatura del tren. Es capaz de permanecer inmutable ante las elevadas
temperaturas que pueden alcanzar las zonas junto a la calefacción. Es más,
incluso parecen tener frio. Son muy fáciles de reconocer, pues suelen vestir
abrigo, guantes, bufanda, e incluso se han llegado a documentar casos en los que
iban tapados con una manta de franela. No es molesto pero su sola visión puede
producir agobio.
El
Colgao: Se trata de viajeros cuyo pasado, presente y futuro está marcado por
problemas mentales severos, producidos en la mayoría de los casos, por un consumo
excesivo de estupefacientes o por escuchar discos de Georgi Dan. Su principal
característica es que inician un acercamiento a otros viajeros similar al
acercamiento que realiza del Campechano, pero la característica distintiva es
el amplio espectro de los temas de conversación que pueden abarcar, y que van
desde que se sienten objetivo de una conspiración de la CIA, hasta que son
enviados de Dios en la tierra, pasando por un empeño obsesivo para convencerte
de que no te drogues. Suelen ser viajeros fugaces que pueden cruzar su camino
con otros viajeros una única vez en años. Suelen despedirse de su acompañante
con un "¿No tendrás un cigarro?”, un “¿Me dejas dos Euros para el metro?”
aunque estés en Guadalajara, o un “Dame dos besos”.
El
abducido: Se trata de viajeros que no hacen nada más que mirar al infinito sin
moverse. Permanecen quietos en todo momento y no hablan, no pestañean y ni
siquiera parecen respirar. Hay casos documentados de viajeros de esta especie
que han permanecido varios días en trance. No molestan pero suelen preocupar al
testo de viajeros. Posiblemente estamos presenciando una diversificación de
esta especie en dos subespecies, la que queda abducida delante del eBook o
Tableta, y los que quedan abducidos ante los Smartphones, pero estos últimos
han cambiado el estatismo anterior por unas conductas de lo más variopintas,
que pueden consistir en risas, carcajadas, llantos, enfados o incluso tics
nerviosos.
El
Inseguro: Suele tratarse de individuos de edad avanzada. Su principal
característica es que nada más entrar al tren preguntan "¿Este es el tren
que va a...?", repitiendo la misma pregunta durante el resto del trayecto,
intercalando de vez en cuando la pregunta "¿Entonces me tengo que bajar
dentro de x estaciones?". Suelen mostrarse bastante nerviosos e inquietos
durante todo el viaje, y al final acaban pegados a las puertas de salida para
evitar quedarse en el tren. Viajan solos o en compañía de otros inseguros que
permanecen en estado casi abducido durante todo el trayecto, o lo que es peor,
haciéndole las preguntas a su propio acompañante, agravando el estado de
nerviosismo de ambos.
El
Melómano: Se trata de una especie invasora que llegó hace poco a nuestras vías.
Se caracteriza por el uso de la música de forma abusiva para marcar su territorio.
Suele servirse de su teléfono móvil para ejecutar sus acciones. Existen varias
subespecies, pero la más molesta es la del Reaggeton. Se caracteriza por
adoptar una postura chulesca ocupando varios asientos y por hacer caso omiso al
resto de pasajeros que le recriminan su actitud. Su conducta se agrava cuando
se une a otros individuos de su misma especie y compiten para ver cual hace más
ruido. Los estudios más avanzados indican que toda esa parafernalia forma parte
de un ritual de apareamiento que se escapa a nuestro raciocinio. La OMS
advierte del riesgo que correrían los viajeros del Cercanías si un Melómano
obtiene canciones de Pitingo.
El Sobón:
se trata de uno de los individuos más molestos del Cercanías, porque tiene por
costumbre la técnica denominada “restregar cebolleta”. Aprovecha las
aglomeraciones de gente para dar rienda suelta a su molesta parafilia que
consiste en roces, pellizcos y tocamientos a personas. Les da igual las
características de la víctima, e incluso se han documentado casos en los que el
sobón estaba restregando cebolleta con un extintor.
El
Dormilón: Son una de las especies más sorprendentes y dignas de admiración que
existen en el Cercanías. Se trata de individuos que han sufrido un asombroso
proceso de selección natural que les ha hecho adaptarse al medio de tal forma
que son capaces de quedarse dormidos a los pocos segundos de entrar en el tren,
y de despertar justo al llegar a su destino. No confundir con El Borrachín.
El
Borrachín: Se trata de una especie que ha desarrollado un mimetismo asombroso
que les hace ser prácticamente indistinguibles a simple vista de El Dormilón,
pues únicamente se diferencian del mismo en que, las pocas veces que se ha
visto a un borrachín despierto, se tambaleaba, desprendía halitosis de vino
peleón y solía hablar lenguas muertas. Como es muy difícil verlos despiertos,
conviene fijarse en la ropa, pues suelen presentar lamparones de vino y suele
haber alguna lata de cerveza vacía junto a sus pies.
(continuará...o
eso espero).

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