martes, 29 de marzo de 2016

Crítica: Batman v Superman: El Amanecer de la Justicia.

Esta tarde he decidido enfrentarme a mis miedos, y me he acercado junto a mi novia a ver una película que me generaba muchísimos.

Había leído tantísimos comentarios negativos sobre esta película, que la ilusión que despertó en mi el anuncio del proyecto, pese a Ben Affleck, había desaparecido por completo para dar paso a eso, a un miedo atroz a la decepción.

Pero bueno, como para saber que algo no te gusta, lo mejor es comprobarlo por uno mismo, in extremis hemos optado por acercarnos a los cines Box del CC Cuadernillos, en Alcalá de Henares.

Pues bien, tras unos cuantos anuncios y un par de insulsos trailers, por fin ha empezado la película más esperada y más temida de los últimos tiempos. 153 minutos y se acabaría la incertidumbre.

Atención, a partir de aquí comento algún que otro detalle de esta película y su predecesora, El hombre de acero, por lo que si no has visto alguna de ellas, te aconsejo que no sigas leyendo.

Cuando un guión lo escriben dos guionistas tan diferentes como Chris Terrio (Argo) y David S. Goyer (Trilogía de Batman 2005-2012), no suele ser una buena señal, porque ¿hasta que punto el segundo guionista puede estar en mayor o menor medida influenciado por su predecesor?, y concretamente en el caso de esta película, nunca se sabe cual de los dos tiene raices venezolanas, lo cual ha dado lugar al culebrón que nos han metido entre mamporro y mamporro a lo largo dela cinta. Como punto positivo, decir que  bajo mi punto de vista, el guión pese a sus carencias, me ha parecido muy bien hilado.

Aunque a lo mejor el culpable de los defectos de la cinta no es tanto el equipo de guionistas, sino el director, Zack Snyder (300, El amanecerdelos muertos), que vuelve a cometer los mismos errores que en El hombre de acero, pues no sabe o no quiere darle a la película un ritmo mas dinámico y que hagan que el espectador no acabe mirando fugazmente el reloj para ver si queda mucho.

Pese a lo que he dicho hasta ahora, he de reconocer que la película me ha gustado y que por momentos he disfrutado como un enano. El problema es ese "por momentos", la falta de continuidad, esa forma de romper el ritmo de una película que podría haber sido épica, pero no deja de ser una más, muy bien hecha y con muy buenas interpretaciones, pero que no es, no de lejos, la mejor película de superhéroes de la historia.



En cuanto a los personajes principales, los que estuvieron en "El hombre de acero", siguen estando, incluido Kevin Kostner como Jonathan Kent. Henry Cavill hace un buen papel de Superman, pero que queda eclipsado por ese Batman que ha clavado Ben Affleck, que da la sensación que ha interpretado a mala leche como diciendo "ahora os jodéis, que lo voy a bordar" a todos los que dudamos de él.

Jeremy Irons me ha gustado mucho como Alfred, y no sabría decir con cual de los dos me quedo, si con este mayordomo, o el que interpretó Michael Caine en la anterior trilogía del caballero oscuro.

Por otro lado, el personaje interpretado por Gal Gadot (que yo creía que era el nombre del malo), y que había leido por todas partes que estaba metido con calzador, me ha parecido de lo más acertado, y una forma de introducir al personaje en el universo de La liga de la justicia, de lo más acertado, aparte de que es muy guapa la jodía.

La cruz del reparto está en Jesse Eisenberg, y no porque lo haya hecho mal, porque el papel de Lex Luthor Jockerizado lo borda, sino porque ese no es Lex Luthor, sino una mezcla entre el Jocker de Jack Nicholson y un adolescente de cualquier comedia americana.

Pues bien, con todos estos ingredientes, podríamos estar ante una obra épica, o ante un truño de proporciones bíblicas (por haberse estrenado en semana santa ante el miedo a competir con la próxima cinta de "El Capitán América", podría acercarse más a lo segundo).

Quizás haya ido al cine muy condicionado por las críticas que he leido, y por eso me he llevado la sorpresa que me he llevado, y nada más terminar he mirado a mi novia y nos hemos dicho casi a la vez "Joder, pues no es tan mala"... pero es que no es tan mala, a incluso tiene momentos verdaderamente brillantes, como es la introducción del resto de personajes de la liga de la justicia (Flash por partida doble, Acuaman y Cyborg, el cual se parecía increiblemente a Sam Worthinton), así como la escena en la que Batman va a rescatar a Martha Kent y se enfrenta a los veinte mercenarios a mamporro limpio acompañado de una de las mejores coreografías vistas hasta ahora en una película de superheroes, sin recurrir a los violentos giros de cámara a los que nos tienen acostumbrados en este género.

Los peor de la película quizás ha sido el ritmo, esas pesadillas recurrentes de Bruce Wayne o el "parad el mundo que voy a arrullar a Louis Lane un poquito" no ayudan para nada.

Lo dicho, una película entretenida que con un guión más dinámico y sin tantos altibajos hubiese conseguido gustar y divertir mucho más además de entretener.



En resumen:

Lo mejor:
- Ver el Batman de Miller y del universo de los videojuegos.
- La presentación de Wonder Woman y del resto de miembros de la Liga de la justicia.
- El alarde de medios de la última media hora de la película.

Lo peor:
.La muerte de Superman, y ese eterno epílogo final, (esa tierrecita moviéndose sobre el ataud antes de los créditos en plan "¡Ojo, que sigo vivo!"... pufff).
-Los cortes y la falta de ritmo.
-La manía de meter por querer demostrar que Superman antepone Louis Lane ante todo porque la quiere mucho y quieren demostrar que una buena película se Superheroes debe llevar un culebrón dentro.

Nota: 7/10.

domingo, 4 de enero de 2015

El primer cadáver.



Los últimos rayos de sol bañaban el cuerpo inmóvil del gato situado al pie de la desvencijada puerta del chamizo.

-A la orden, mi Sargento. Sin novedad. –Saludó cortésmente el Cabo Zurita.- No vea lo que hay ahí dentro. En mis veinte años en el cuerpo, jamás he visto algo así.- Continuó.

Javier tragó saliva y se acarició la barbilla. Acababa de salir de la academia de Suboficiales, y, pese a sus ocho años de servicio, este era su primer muerto. Se podía decir que hasta hoy había tenido mucha suerte, pero volvía a cumplirse uno de los dogmas que su padre, el Brigada Aguilera, le había inculcado: “para todo hay una primera vez”.

-Descansa, Paco, por Dios, no te pongas tan tieso que ya tienes una edad, no vayas a romperte.- Contestó sonriente Javier escrutando el serio rostro del Cabo. Puesto que, lejos de sonreír, el rostro de Zurita se ensombreció aún más, Javier entendió que la cosa era seria.- ¿Qué ocurre? ¿Hay signos de violencia?- preguntó en un tono mucho más serio.

-No, que va, el problema es que conozco a ese desgraciado. Fuimos juntos al colegio. Era un bala perdida, pero nunca creía que le vería así. El hijo de puta era fuerte como un roble.- Los ojos del cabo quedaron fijos sobre un punto perdido en el infinito, y las lágrimas amenazaron con escaparse de sus ojos.- El pobre Juan está desnudo sobre la cama, pero si va a pasar, le aconsejo que coja una mascarilla, pues el olor es insoportable.

-¿Cuánto tiempo lleva muerto?- Acertó a preguntar el joven Sargento. Una piedra acababa de caerle en el estómago y comenzó a sentir que el desayuno empezaba a removerse peligrosamente en su interior.

-No es el cuerpo lo que huele, sino toda la mierda que tiene en la casa. Guernica y yo hemos estado dentro, y al salir éramos un palmo más altos. - Explicó el cabo. –Hay restos de comida por toda la casa, y será mejor que no pase al baño si no quiera quedarse tieso.

-¿Habéis llamado al forense y a los de Policía Judicial?.

Como esperando ese pistoletazo de salida, el sonido de dos vehículos que llegaban por el camino de tierra que conectaba la carretera principal con el poblado, anunció la llegada de la Forense de Guardia, y el Cabo Miguel, del Equipo de Policía Judicial.

-A la orden mi Sargento, ¿Qué tenemos?- Preguntó Miguel bajándose del coche.

-De momento parece que dos muertos. Uno dentro de la chabola, y otro ahí.- Dijo Javier señalando con la cabeza al gato que había en la puerta.

Como por arte de magia, el pequeño gato anaranjado se desperezó, y emitió un maullido lastimero, y torpemente se puso en pie.

-¡HA RESUCITADO!- Exclamó sorprendido el guardia Guernica, que acababa de llegar junto con un desconocido al que el grito también le pilló de sorpresa, pues dio un respingo que a punto estuvo de hacerle caer al suelo.-Joder, pero si hace un rato ni respiraba... va a ser verdad eso de que tienen siete vidas.-Continuó diciendo, ajeno a la mirada de desaprobación con la que Javier le estaba maldiciendo.

-Joder, Guernica, no me parece el comentario más apropiado dadas las circunstancias.-Acertó a regañarle Zurita.-Mi Sargento, le presento a Tomás, el hermano del fallecido.

Javier echó un rápido vistazo al hombre que acompañaba a Guernica. Era una enorme montaña, rondando los dos metros de altura y de unos ciento cincuenta kilogramos de peso, de fuertes brazos y manos enormes, de mirada vacía y boca desdentada. Javier había visto muchas veces esa mirada, resultado de varios años macerando en alcohol, pero lo que más le sorprendió fue no percibir el más mínimo atisbo de tristeza en sus ojos.

-Le acompaño en el sentimiento.- dijo con tono serio mientras le tendía la mano a Tomás. La mano que encontró, lejos de confirmar la firmeza y robustez de su propietario, transmitía fragilidad, nerviosismo, e incluso miedo. Estrechó los dedos flojos en un rápido saludo, y soltó la mano que pareció huir para esconderse en el bolsillo de su propietario.

-¿Así que es usted su hermano?- Preguntó el Sargento para ver la reacción del gigante que tenía ante sus ojos.

-Si, bueno, soy el único hermano que se habla con él… bueno, que se hablaba.-una cortina de lo que podría interpretarse como tristeza nubló pequeños ojos negros de Tomás.-Ayer estuve a verle por la noche, porque llevaba con bronquitis mucho tiempo. Le pregunté desde la puerta, y como no me contestaba, entré en la habitación. Como vi que seguía respirando, pensé que estaba dormido, y me marché, y este mediodía, cuando he venido, me lo he encontrado tieso. No respiraba, y ha sido cuando he llamado a urgencias.- Tomás bajó la vista y sus ojos quedaron fijos en la punta de sus zapatos.

-Muchas gracias.- Dijo Javier mientras se dirigía hacia el Cabo Miguel, que se encontraba preparando el maletín para hacer la inspección ocular. La experiencia le había enseñado que las personas que dan más explicaciones de las que se les pide, suelen ocultar algo.

-¿Vienes tu sólo?- le preguntó a Miguel, aún pensando en la reacción de Tomás.

-Si, mi Sargento, es que David está liado con los de Patrimonio, con el tema de las monedas romanas que aparecieron en el puerto, y el Brigada sigue de baja por el trompazo que se dio ya sabe…- Contestó el cabo haciendo un gesto con la mano recordándole a Javier la fama de aficionado a la bebida que tenía el Brigada de Policía Judicial.

-Entraré contigo. Como dice mi padre, para todo tiene que haber una primera vez.- Contestó Javier tragando saliva. –Será mejor que me ponga una mascarilla y unos guantes.

Ambos terminaron de prepararse, cogieron el maletín y la cámara de fotos, y se dirigieron a la forense, una atractiva morena de melena enmarañada y que, pese a sobrepasar los cuarenta, conservaba un cuerpo espectacular, fruto de muchas horas de trabajo en el gimnasio.

-Carmen, vamos a pasar nosotros primero para hacerle las fotos al fiambre, y luego entras tu y haces con él lo que quieras.- Le dijo Miguel con tono áspero y seco a su exmujer, la Forense del Juzgado número tres de Cartagena. Llevaban tres semanas divorciados tras un par de años de pleitos y juicios por la custodia de las dos gemelas de ocho años. La tensión se cortaba con un cuchillo.

Carmen se limitó a asentir con la cabeza mientras rellenaba la documentación para el levantamiento del cadáver. Ni siquiera miró a los dos guardias civiles que se disponían a entrar en el chamizo.

Nada más atravesar la puerta, se encontraron con un largo pasillo en penumbras el cual estaba inundado por montañas de basura, trapos, botellas vacías, y un hedor insoportable que hizo dar una arcada a Javier. Pequeñas sombras rápidas como centellas se movían entre los desperdicios.

-Esto está lleno de cucarachas.-Dijo Miguel.- Tenga cuidado no le roben un zapato, mi Sargento. Según me ha dicho Guernica, es la segunda puerta a la derecha. Esa de allí.- Señaló con la linterna.

Tras sortear toda la porquería que inundaba los pasillos, llegaron a la habitación dónde se encontraba el cuerpo inerte de Juan. Se trataba de una habitación sin ventanas, iluminada únicamente por la tenue luz que se colaba por la puerta, y las dos linternas que llevaban los agentes.

La estancia estaba amueblada únicamente con una gran cama de matrimonio pegada a la pared y una caja de cartón a modo de mesilla de noche. Varias docenas de botellas de vino vacías se encontraban esparcidas por el pegajoso suelo. No había nada más, salvo el cuerpo sin vida de Juan.

Si Tomás parecía una montaña, Juan era aún más grande. Una enorme barriga cubierta de pelo destacaba en el casi monstruoso cuerpo que tensaba hasta el límite los muelles del somier. El torso se encontraba coronado por una enorme cabeza de pelo grasiento, con una barba hirsuta y descuidada y dos cejas pobladas, casi unidas, que coronaban sendos ojos negros sin vida que se encontraban clavados en el techo.

-¡Madre mía! Verás para mover esto… -Exclamó Miguel. –Mi Sargento, será mejor que hagamos las fotos cuanto antes y nos larguemos de aquí o cogeremos algo que no tenemos.

-Me parece bien, esto me da escalofríos.-Aprobó Javier. -¿Te has fijado en el tamaño de sus pelotas? Parecen dos balones de futbito.-Añadió señalando a los genitales desproporcionados de Juan.-Fíjate, están reventados. Está todo lleno de sangre… ¿Eso por qué es?

-Ni idea, es cosa de Carmen, a eso se dedica, a ver muertos y a tocar los cojones.- Contestó Miguel algo molesto. –Madre mía, ¿se ha fijado en las uñas de esos pies?, joder, parecen mejillones. En fin, voy a hacer las fotos y nos largamos de aquí.

-¿Puedo hacerlas yo? Hace cuatro años que hice el curso de Policía Judicial y me vendría bien refrescar la memoria.- Preguntó Javier. –Si no te importa, coloca tú los testigos métricos.

-Siempre a sus órdenes.- Contestó algo desanimado.-Con que le ponga uno en el cuello y otro junto al pie, será suficiente.-Añadió sacando las dos pequeñas cintas graduadas del maletín.

Colocó una junto al pie, y se inclinó ligeramente sobre el cadáver para colocar la otra bajo el cuello.

Nada más colocar la segunda cinta sobre el cadáver, las fuertes manos de Juan agarraron a Miguel del brazo y lo atrajeron hacia él. La enorme boca del coloso se abrió y sus dientes se cerraron en torno al cuello del Cabo, ahogando el alarido aterrador que no llegó a brotar de su cercenada garganta.

La sangre de Javier quedó helada por la dantesca escena que estaba presenciando y ni siquiera fue consciente de cuando se le cayó la cámara de fotos al suelo. No podía apartar la mirada del ser que estaba arrancándole el cuello a mordiscos a su compañero.

Cuando por fin pudo reaccionar, el cuerpo del Cabo se encontraba convulsionando entre los brazos de esa cosa, bañándolo con su sangre. Javier echó mano a su pistola, encañonando al monstruo que tenía ante él, pero justo cuando escuchó el sonido del impacto de la aguja percutora sobre la recámara vacía, recordó que no había cogido el cargador, el cual se encontraba en el cajón de su despacho, pues nunca pensó que lo necesitaría en una situación así.

Agarró una botella del suelo y la estrelló contra la cabeza de Juan, que levantó la cabeza y clavó sus ojos muertos sobre él, mientras la sangre de Miguel resbalaba por la comisura de esa boca aterradora.

El monstruo tiró a un lado el cuerpo sin vida del cabo y lentamente se fue incorporando. Ahora la enorme mole desnuda se interponía entre Javier y la puerta. No había escapatoria. De repente, como si de una película se tratase, las clases de defensa personal recibidas en la academia, pasaron ante los ojos del aterrado Sargento.

Con una agilidad asombrosa, Javier tomó impulso y propinó un fuerte empujón al cadáver andante, haciéndole perder el equilibrio y caer al suelo.

Saltando por encima del desproporcionado cuerpo que intentaba incorporarse, enfiló el pasillo hacia la calle, en pos de la ansiada libertad, pero cuando estaba llegando a la puerta vio tres cuerpos tirados junto a ella.

La puerta se cerró de un portazo, sumiendo el chamizo en la más profunda oscuridad.

-Lo siento, tengo que alimentar a mi hermano, soy el único que cuida de él.-Se disculpó Tomás mientras cerraba con llave y se marchaba.


martes, 9 de diciembre de 2014

Luna llena.



Las oscuras nubes se abren para mostrar el brillante resplandor de la luna llena en medio de esta gélida noche de diciembre.

De pronto, entre sudores, despierto. Mis pupilas quedan fijas en esa esfera de luz brillante y fría. Mis sienes palpitan, mi cuerpo tiembla y comienza otra vez ese dolor.

Es intenso, cortante e insoportable, pero me reconforta, pues tras el dolor, siempre llega la ansiada libertad.

Entonces, mi verdadero yo, o al menos, el que me gustaría que fuese mi verdadero yo, ese que se halla oculto, sumergido en el interior de este cuerpo débil, lampiño y enfermizo, bajo la personalidad de un buen hijo, mejor padre y marido ejemplar, brota de entre las sombras, guiado por la luz que irradia la luna.

El viejo pijama se desgarra, la mandíbula se me alarga, y un manto de vello hirsuto como alambre crece en todo mi cuerpo, llenándolo, colmándolo.

Mis piernas, de rodillas quebradizas y débiles, esas que tantos problemas me han dado, ahora son fuertes y musculosas patas de animal, capaces de moverse más rápido de lo que nadie podría jamás imaginar, y que pueden dar saltos inimaginables para cualquier persona.

Atravieso la ventana cual papel de fumar, y entre los miles de pequeños cristales, salgo a la calle, con un aullido de triunfo.

Vuelvo a ser libre. Siento un frenesí incontrolable y sin la menor intención de pararlo, rompo a correr por las azoteas con el viento silbando en mi espalda y vuelvo a aullar, pero esta vez es la noche la que me devuelve un grito de euforia.

¿Euforia? No. Es terror.

Un terror que al fin puedo contemplar en los ojos que se atisban entre mis poderosas garras, las de mi primera víctima. No la dejo gritar otra vez. No hay tiempo. Ahora su cálida sangre inunda mi garganta, cubre mi hocico, resbala por mis colmillos. Sangre... qué liberación.

Vuelvo a aullar.

Nada.

Sólo silencio.

Silencio y oscuridad.

Una intensa luz en medio de la noche me hace cerrar los ojos.

Y entonces, su voz me hace volver a la realidad.


-Cariño, ¿qué haces mordiéndola almohada? La vas a llenar de babas…otra vez.

lunes, 8 de diciembre de 2014

Galletas de Jengibre.

Ahora que se acercan las navidades, os dejo esta receta que me he atrevido a hacer hoy, con la que salen unas galletas deliciosas. Con una buena copa de vino caliente tienen que estar de vicio.

Espero que os gusten.

Ingredientes: (Para unas 30 galletas y un camaleón, o si tenéis paciencia, saldrán unas 42-48 galletas).

350 gramos de harina de trigo.
125 gramos de mantequilla.
100 gramos de miel.
50 gramos de azúcar moreno.
50 gramos de azúcar blanca.
Un huevo tamaño mediano.
Una pizca de nuez moscada.
Una cucharadita de jengibre en polvo.
Media cucharadita de canela.

Preparación:

En primer lugar mezclaremos la canela, el jengibre, la nuez moscada y la harina, y la tamizamos.

A continuación añadimos la mantequilla fría cortada en daditos, el azúcar, la miel y el huevo batido y lo amasamos enérgicamente y durante un buen rato hasta que la masa adquiera una textura homogénea y la mantequilla se haya disuelto completamente sin dejar grumos. Esta parte puede resultar un poco farragosa, pero si se hace bien, el resultado es espectacular.

Extendemos la masa sobre una superficie enharinada, hasta que adquiera un grosor de unos 0,4-0,5 cm, y, bien con un cuchillo o, como he hecho yo, utilizando moldes, vamos cortando las galletas.

Ponemos las galletas en una bandeja, y las metemos en el horno, que deberá estar precalentado, durante 10-12 minutos a 180º.

Se dejan reposar, y listas para comer.




Como yo soy un poco "cagaprisas", la tercera vez que he cogido el sobrante de las galletas, me he dicho "Ya está bien de amasar", y he hecho un Camaleón con un caracol detrás, pero claro, como el caracol lleca menos masa, se ha quedado mas oscro, y parece otra cosa. En fin, juzgad vosotros mismos.






domingo, 2 de noviembre de 2014

Magdalenas de Limón y Canela.

Ingredientes (Para unas 12 magdalenas).


-3 huevos medianos.
-175 gr. de azúcar.
-60 ml deleche.
-190 ml de aceite de girasol.
-210 gr. de harina.
-1 sobre de levadura.
-Una pizca de sal.
-Canela molida.
-Ralladura de limón.
-Azúcar para la parte superior de las magdalenas.

Preparación.


Lo primero que os aconsejo es que preparéis todos los ingredientes, pesados y medidos para que, en el momento de ir a preparar las magdalenas, no perder tiempo.

Una vez preparados todos los ingredientes, los dejamos media hora para que se atemperen, pues no es recomendable utilizar los ingredientes fríos.

A continuación, batimos los huevos con la varilla de la batidora, a velocidad lenta, y una vez batidas, añadimos el azúcar.

Cuando la mezcla de huevo y azúcar tenga una consistencia homogénea, añadimos despacito y sin dejar de batir, el aceite y la leche y seguimos mezclando.

Una vez bien homogeneizado todo, añadimos una mezcla con la harina tamizada, la levadura, una pizquita de sal, la ralladura de limón y la canela molida.

Continuamos batiendo despacito los ingredientes hasta que la pasta adquiera una consistencia homogénea y sin grumos, y finalmente batimos todo a máxima potencia durante 4-5 minutos.

Colocamos los moldes de las magdalenas en una bandeja para magdalenas, o en vasitos metálicos para flanes. (Yo he puesto 6 moldes de silicona, y 6 de papel, y los resultados han sido mucho más profesionales usando los moldes de silicona).

Rellenamos los moldes ¾ partes con la masa de las magdalenas, y los metemos un par de horas en la nevera para que, cuando las metamos en el horno, suban y no se queden planas.

Precalentamos el horno a 250º C, añadimos un poco de azúcar en la parte de arriba de cada magdalena, y las metemos en el horno durante 15 minutos a 220º.

Las dejamos reposar hasta que se enfríen, y… ¡¡¡a comer!!!








viernes, 25 de julio de 2014

Tontería Espacio-Temporal.



-¡¡¡Mamá, me voy a ver a Mozart, que tengo clase de Piano y voy a llegar tarde!!!- Exclamó Gaby con júbilo, mientras ponía la fecha en el panel de control de la máquina del tiempo. 27 de Junio de 1775.


-¡Vale hijo, pero ponte una rebequita por si refresca!- Le contestó la madre. –Pero antes bébete el zumo ya, que se le van las vitaminas, y recuerda las normas. Sólo asiste a sus clases, nada de cambiar nada, no como la última vez. Y ponte el traje mimético de la época, no vayas disfrazado de Romano como el día que fuiste a la Prehistoria a conocer a Miguelón.


Claro que Gaby recordaba las normas, pues había aprendido la lección tras su última trastada. La cosa es que lo había hecho con toda la buena voluntad del mundo, pero el audífono que le regaló a Beethoven, a punto estuvo de destruir parte del legado musical posterior a 1800, ya que al empezar a oír con claridad, Beethoven dejó de componer por recomendación expresa de su cuñado, el cual le dijo que no tenía ni idea de música, y que se dedicase a sexar pollos. Como no sabía qué era eso de sexar, se pasó a la alta cocina, convirtiéndose en un prestigioso chef , llegando a regentar un restaurante con dos estrellas Michelín.


Las reglas eran sencillas. Se podía retroceder a placer en el tiempo, pero nada de alterar las cosas, modificar ningún parámetro ni arrojar desperdicios. Un simple pañuelo de papel en el suelo podría desencadenar una epidemia y extinguir a la raza humana. Por no hablar de las innumerables gamberradas que ocurrieron al principio. (Como cuando un graciosillo añadió colacao a la leche con la que se bañaba Cleopatra, y tras su baño casi la destierran por brujería).


Gaby entró en la máquina y, tras varios destellos y un sonido sordo, apareció en el punto temporal señalado. Estaba en la casa de Mozart. Se miró en un espejo de la enorme mansión del músico y se vio así mismo como un aristócrata de la época, con la cara pintada de blanco y esa enorme peluca blanca.


Asistió a la clase sin contratiempo alguno, y tras finalizar, tomó rumbo a su época, sin percatarse de que se le había caído su MP-3 al levantarse de su asiento. Cuando terminó de ajustar los parámetros de su máquina del tiempo, un Opel Calibra tuneado, y volvió al año 2130, se encontró con una patrulla dela Guardia Civil esperándole con gesto serio.


-¿Qué se le ofrece, agente?- Preguntó Gaby inocentemente, pero con la sensación de que algo no iba bien.

-Esta vez la has liado parda, chaval. Quedas detenido por infringir, otra vez, el artículo 4 de la ley de viajes espacio-temporales del año 2103.- Le dijo el Agente Chamorro con una sonrisa socarrona.- Has modificado el pasado y destruido la música.- Añadió el Sargento Gervasio.

-¡¿Qué?!- Exclamó asustado. –Yo no he hecho nada.-Sentenció.

 -Olvidaste tu MP-3 y cambiaste la línea temporal de la música y de la Vichisoysse. Mozart consiguió encenderlo y al escuchar a Kiko Rivera y a Pitingo, varió todas sus composiciones, de modo que fue juzgado por hereje y condenado a morir en la hoguera.


-Mierda, otra vez.- Dijo mientras se lo llevaban al centro penitenciario de infractores reincidentes, donde debería permanecer cuatro horas en el rincón de pensar.

Gaby estaría en casa para la cena, pero en su mente habrían pasado cuarenta años, ya que el hilo musical del rincón de pensar, formado por una horrible combinación de versiones de Pitingo y los Chunguitos, conseguía que cambiase la noción del tiempo.

Ya no volvería a ser el mismo…


sábado, 5 de abril de 2014

Enredarse en las redes sociales.


Hoy, tras varios años sin hacerlo, he vuelto a comprar un periódico de los de toda la vida, de los de papel. 

Lo he comprado en una cafetería, y cuál ha sido mi sorpresa que, al ir a pagarlo, el camarero me dice 1,80. Pensaba que me estaba vacilando, y le he contestado “No, 1,77 descalzo, pero gracias”. El hombre no ha pillado la broma, o bien se ha hecho el loco, pero la cosa es que le he dado dos euros, y me ha devuelto una moneda de veinte céntimos.

La cosa es que, mientras abría la boca para protestar, casualmente un atisbo de inteligencia ha pasado por mi cabeza, y ha arrojado un poco de luz sobre mi neurona de la mala uva, que esta mañana, parece ser, se ha levantado con ganas de diversión.

Así pues, una fuerza en mi interior me ha empujado a mirar el precio en la portada, y así es. El periódico en cuestión sale a 3 céntimos la página, es decir, que la página sale a duro de los de antes. “Joder”, me he dicho, “espero que al menos escriban algo interesante”.

He empezado a leer el periódico por el final, por donde se empiezan a contar las grandes gestas, y por donde todo buen onanista que se precie, empieza a “leer” la Interviú.

Pues bien, por lo visto, el periodista Ernesto Sáenz de Buruaga debe tener una columnilla en tan ilustre última página, o quizás ha dado la casualidad que hoy le ha tocado a él. No lo sé. La cosa es que la he leído. “Mi apellido”, rezaba el título. “Qué feo”, he pensado yo, pero aún así, he decidido leer la columnilla.

Hablaba de la primera vez que ese señor fue al cine, y que quedó traumatizado con Bambi. Pues bien, si esos padres, en lugar de dejar a ese pobre niño, vivir con ese trauma, le hubiesen llevado a un buen psicólogo o terapeuta, a lo mejor le habrían arreglado y no escribiría las gilipolleces que escribe. Aunque tengo serias dudas sobre eso.

Resulta que el buen señor, nótese el tonillo irónico del adjetivo, a parte de demostrar lo culto que es por saber disfrutar de las películas de Marisol, Concha Velasco, y compañía, ha aprovechado una vez más para arremeter contra las redes sociales, dejando claro que antes se vivía mejor, cuando veían esas películas del oeste y romanos, libres de cualquier tipo de estereotipo y sin apenas prejuicios, cuando los niños se abrían la cabeza sin consecuencias legales, y que los puntos de sutura en la cabeza se lucían con orgullo. Que los que contamos lo que nos va ocurriendo en nuestro día a día en una red social, es porque tenemos una vida vulgar. Y claro, me he encendido.

Una de las cosas que menos me gusta en las personas es la falta de humildad. El creerse mejor que otro por llevar un tipo de vida que ellos consideran el correcto. Por desgracia, hay gente que no contenta con llevar una vida aburrida, y cíclica, parece creerse con el derecho de juzgar lo que hacen los demás. Son esas personas, que viven ancladas en las constumbres que recuerdan con la nostalgia rancia de los que no son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos, aunque, y esto es lo más gracioso de todo, sin aportar ningún tipo de argumento, recurriendo al típico “esto es así porque siempre ha sido así”.
Puede que me equivoque y el señor Ernesto tenga razón en sus ideas, y lo de las redes sociales sea una gilipollez, y sea mucho mejor bajarse al bar, meterse siete u ocho quintos de cerveza mientras se socializa uno viendo un partido de fútbol, o mientras acude a un burdel a recrearse con las artes amatorias de alguna pobre víctima de la trata de seres humanos... ¡Huy!, que demagogia más bonita me está saliendo para contestar a otra, ¿no?

En fin, a lo que voy. Llevo ya unos cuantos años metido en internet, he tocado todos los palos, desde moderar un foro hasta tener unas cuantas cuentas de Twitter, pasando por Tuenti (si, lo confieso, yo también fui Tuentín), Facebook, e incluso hice mis pinitos en Google + y algunas otras redes inconfesables.
Gracias a ellas, he vuelto a tener contacto con gente con la que compartí momentos muy bonitos de mi vida hace muchos años, y a los que me ha alegrado mucho encontrar. Y cuando hablo de muchos años, me refiero a gente de la que llevaba sin saber más de 25 años. Mis compañeros de los siete colegios en los que estuve siendo niño.

Pero, lo más importante, he conocido a mucha gente. Si, lo digo con todas las letras. CONOCIDO. “Pueden mentir”, me dice la mayoría de las personas a las que les expongo mi razonamiento. ¡Nos ha jodido que si pueden mentir, como que los del bar no mienten!, pero claro, te mienten a la cara, que es más sangrante.

Bajo mi punto de vista, las redes sociales son una herramienta cojonuda para encontrar a gente afín a tus gustos, ideas e intereses…e incluso para quedar y echar un polvete de vez en cuando, aunque ese no es mi caso, que conste. ¿Por qué machacarlas así?

Pues la respuesta es bien sencilla. Porque no se saben utilizar. Poca gente sabe poner límites a lo que debe y no debe escribir… ¡Que noooo! Que es coña. La cosa es más compleja. Cada persona es un mundo, y cada mundo tiene sus reglas. Para algunos su privacidad vale mucho, y para otros, nada. Pero lo que está claro es que cada uno es quien debe poner sus reglas, y no puede nunca venir un señor a decir a alguien lo que debe y no debe poner, y como debe o no debe comportarse. Y esto no lo digo por la parida que he leído esta mañana, sino por lo que llevo, para mi tristeza, leyendo, y cada vez más, en las redes sociales. Gente que tiene que cerrar las cuentas porque “Buruaguines” (jijijiji… me ha molado el nombre, lo voy a patentar), se creen con el derecho de decirle a la gente lo que debe o no debe hacer e intentan imponer sus cánones, pese a que estos sean una puta mierda. Ahí entra la autoestima y la valía de cada uno para contrarrestar al troll. Unos lo tienen fácil y le pegan rápido la patada, pero a otros, como por desgracia he visto, les pesa más, y acaban llevando a cabo un suicidio virtual. ¡Qué movida!, ¿verdad?... pues es lo que hay. Y este mundo virtual está en pañales.

A mi me parece algo apasionante y divertido, pero como en la vida ¿real?, debes saber elegir a la gente con la que te relacionas. Y pongo real entre interrogantes porque a veces me pregunto ¿Qué es más real, una persona tímida con la que te tomas un café en un bar y no para de mirarse las puntas de los zapatos, o una persona tímida que se desinhibe y transmite todo lo que piensa y sus sentimientos a través del teclado de su ordenador?

Yo lo tengo claro.

Pero bueno, al fin y al cabo es tan solo mi opinión, tan válida y tan criticable como la de Ernesto Sáenz de Buruaga, pero mucho menos pretenciosa y consciente que, como dijo una vez Joaquín Sabina, es igual que el agujero del culo. Cada una tiene el suyo, y a ninguno le suele gustar el de los demás.

Besos, grumitos.

lunes, 30 de diciembre de 2013

Empanadillas al horno.

          Puede parecer una tontería, pero para mi, este ha sido el descubrimiento del año, pues se trata de una forma ligera y deliciosa de preparar un manjar como son las clasicas empanadillas de toda la vida., pues al prepararlas en el horno, no es necesario utilizar nada de aceite.


Ingredientes

Un paquete de obleas "La Cocinera". (Suelen ser de 16 unidades).
Dos huevos cocidos.
Una lata de atún.
Tomate frito.

Preparación

          En un bol mezclar bien el huevo picado, el atún y el tomate. (Se pueden añadir otros ingredientes, como maiz, pimientos, aceitunas picadas, o lo que se nos ocurra, pero yo soy un clasico y me gustan sencillitas).

          Se extienden las obleas, se va agregando una cucharadita de la mezcla en el centro de cada oblea, se doblan por la mitad, y se van sellando con la ayuda de un tenedor. (Existen en el mercado aparatos para sellar las empanadillas, pero a mi me gusta el estilo abuela).

          Se colocan las empanadillas sobre papel de hornear o sobre papel de aluminio en la bandeja del horno (personalmente me gusta más el papel de hornear, pues es más difícil que se peguen), y se introducen 15 minutos en el horno, previamente precalentado a 200º.

          Dejar que se enfríen y a comer.

          SUGERENCIA: Si se quieren doradas, "barnizarlas" con huevo batido o con un poquito de aceite.

          Otro relleno con el que salen muy ricas es con Bechamel con jamón york o pavo.

          Que aproveche!!!

domingo, 29 de diciembre de 2013

Vino Caliente.


Ingredientes

Una botella de vino tinto.
Una rama de canela.
4-5 clavos enteros.
La piel de un limón.
Jenjibre.
Dos cucharadas soperas de azúcar.


Preparación:

          Poner en un cazo el azúcar y empaparlo bien con el vino. Calentar a fuego lento hasta que se haya disuelto completamente removiendo bien para evitar que el azucar se nos queme.


          Añadir el clavo, la canela, el jengibre, la piel de limón y el resto del vino.
Cocer a fuego muy lento removiendo de vez en cuando sin que llegue a hervir.

          Servir bien caliente. Se puede acompañar con pastas, frutos secos o dulces navideños.


          Importante: El jengibre es bastante fuerte, por lo que la  cantidad va al gusto del consumidor. En mi caso he añadido un par de gominolas de Genjibre de las que venden en el Lidl.


          Sugerencia: Si hay niños o si no se quiere beber alcohol, se puede sustituir el vino por mosto rojo, eliminando el azúcar. 

Sigo con vida.

Hola a todos.

En los últimos meses, este blog ha sufrido un notorio parón debido a mi "cambio". Hasta el mes de Julio me vi obligado a aparcarlo para preparar una oposición, de la cual conseguí salir victorioso. (En mi caso, aquello de "A la tercera va la vencida", fue verdad).
Luego llegaron los miedos, las dudas, la alegría, la alteración... una avalancha de sensaciones que me impidieron centrarme durante las semanas previas al comienzo del curso, y desde entonces, cualquier esbozo de idea para escribir, cualquier intento de cocinar algo nuevo para colgar la receta después, o cualquier paranoia, quedaba siempre en agua de borrajas.

Llevo ya más de tres meses de intenso curso, con momentos muy buenos, momentos no tan buenos, y momentos a secas, y no han sido pocas las ocasiones en las que he tenido ganas de escribir, pero por desgracia, no disponía de los medios adecuados. Por suerte, tenía el Twitter como válvula de escape, para desahogarme y escribir algo, aunque fuesen tonterías, unas veces más acertadas que otras, unas veces graciosas, y otras veces vergüenzajenescas.

Todo esto viene para transmitiros un último mensaje, ahora que 2013 se acaba.

Gracias.

Si. Gracias a los que estáis o habéis estado ahí, leyendo este pequeño blog donde he ido colgando mis tontás, mis relatillos o mis recetas, y gracias a los que leéis a @Agente_smint en Twitter, gracias por los momentos en los que me habéis arrancado una sonrisa, o gracias por haber sonreído en alguna ocasión con algo que haya dicho. Tal y como están las cosas, creo que sonreír es muy importante, de las cosas más importantes que hay, porque mientras existan unos labios que dibujen una sonrisa, seguirá existiendo la esperanza.

Bueno, no quiero ponerme melancólico ni melodramático, y ya paro. Lo dicho, gracias y os deseo de todo corazón que 2014 sea mejor que 2013. (Yo me quejo mucho, porque soy consciente de la situación por la que estamos pasando, y que me ha salpicado muy de cerca, pero he de reconocer que para mi, a título individual, 2013 ha sido un año espectacular en cuanto a mi situación personal y laboral).

Un beso para tod@s.