Mientras el cigarrillo se consumía olvidado,
el tiempo corría vertiginoso en aquella carrera contrarreloj.
Desesperado seguía hojeando los expedientes
de aquellas misteriosas desapariciones que le tenían contra las cuerdas.
Si no lo impedía, en menos de una hora
volvería a suceder.
Una tormenta de ideas arreciaba sobre su
cerebro mientras el reloj corría a toda prisa en su contra.
Sus más de veinte años de experiencia en
policía judicial no le habían servido de nada y ahora estaba desesperado, pero
no podía resignarse.
No se lo podía permitir.
Llevaba tres meses al frente de aquellos casos,
y no había conseguido nada.
De hecho la montaña que formaban las carpetas
con los expedientes de cada caso no había hecho más que crecer.
Todas esas desapariciones seguían un mismo
patrón: la víctima salía de casa el viernes y ya no regresaba, sin que nadie
llegase a verlas, sin que pudiese confirmarse que habían llegado a salir de su
domicilio, tal y como ocurrió con la primera desaparecida.
En aquella ocasión todas las sospechas
recayeron sobre el marido y fue tratado como un caso más de violencia de
género, pero 72 horas bastaron para demostrar que no había sido así, pues con
el marido detenido y a punto de pasar a disposición judicial, apareció el
cuerpo, o al menos un cuerpo que todo apuntaba a que era el de aquella pobre
mujer.
En todos los casos que sucedieron después, el
desenlace había sido el mismo, y en todos ellos los cuerpos que fueron
apareciendo tras cada aparición no habían podido ser identificados.
El Brigada
Santos dio una fuerte calada a lo que quedaba de su cigarrillo y lo aplastó con
furia contra el cenicero, haciendo que varias colillas cayesen al suelo para
unirse a las que allí descansaban, y que habían sido testigos mudos de los
titánicos esfuerzos del agente por encontrar un resquicio de luz en aquellos
extraños casos.
Las imágenes de aquellos cuerpos volvieron a
su cabeza.
Habían perdido totalmente la pigmentación de
la piel, y no quedaba rastro de pelo en ninguno de ellos.
Pese a que no había sido posible identificar
a ninguno de los cuerpos, dada la pérdida de las impresiones digitales de las llemas de los dedos, que aparecieron completamente lisas y la
imposibilidad de realizar las pruebas genéticas, pues todos los análisis
que se habían realizado habían dado resultados no concluyentes debido a que no
había rastro alguno de ADN, los rasgos físicos apuntaban a que aquellos cuerpos
pertenecían a las personas desaparecidas.
Todos aquellos extraños cuerpos habían
aparecido días después de las desapariciones completamente desnudos, en sus propias
casas y en la misma posición: tumbados sobre sus propias camas, con la boca y
los párpados sellados, y aquella extraña sustancia rojiza tapando el resto de
orificios corporales.
Los forenses no daban crédito, pues las
autopsias de todos ellos habían revelado que la sustancia rojiza que parecía
sellar sus orificios corporales en realidad rellenaba por completo sus cuerpos,
en los que no quedaba resto alguno de huesos, órganos o los fluidos corporales
que deberían estar presentes en cualquier cuerpo humano.
Todo aquello se le estaba sobrepasando y
estaba al borde del colapso.
Suspiró con resignación y cogió su arma
reglamentaria y su chaqueta.
Un poco de aire fresco le vendría bien para
despejarse, pues si todo iba como se temía, en unas horas habría una nueva
carpeta se sumaría a la montaña que ocupaba su mesa.
Saludó al Guardia que custodiaba la puerta de
aquel viejo cuartel en el que le habían dejado un pequeño cubículo donde él y
su compañero, que no tardaría mucho en bajar a desayunar, trabajaban a
contrarreloj, y enfiló las calles hacia ninguna parte mientras las primeras
luces del amanecer aparecían en el horizonte.
Sumido en el torbellino de ideas, hipótesis y conjeturas que se arremolinaban en su cabeza, una extraña luz le cegó por completo y sintió como salía disparado
hacia el cielo.
Mientras subía a una velocidad vertiginosa,
las palabras que su compañero le dijo justo antes de despedirse de él la noche anterior, retumbaron en sus cabeza:
“-Esto parece cosa de extraterrestres.”
Y así fue.

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